Elegía erótica para Philip Roth

El Sexódromo

Se murió el profesor del deseo. Uno de los más grandes escritores que ha dado Estados Unidos y de los más complejos, pues si bien su obra tiene mucho de crítica a su sociedad y al ser humano, también abundan en ella las referencias misóginas.
Philip Roth en su estudio. (ESPECIAL)

Verónica Maza Bustamante

“Él trató repetidas veces de impedir que su mirada se posara en la protuberancia de sus senos que subían y bajaban al respirar. Aquel era un tormento que debía alejar. La idea era una afrenta al sentido común y una amenaza a su cordura. Su excitación era desproporcionada en relación con cualquier cosa que hubiera sucedido o que pudiera suceder. No solo tenía que ocultar su apetito sino que, a fin de no enloquecer, debía aniquilarlo. Pero siguió adelante con tenacidad, tal como había planeado, creyendo a medias todavía en la posibilidad de que existiera una combinación de palabras que de alguna manera le salvaran de la derrota.” 

Elegía


El animal moribundo  
"Porque en el sexo no existe un punto de estancamiento absoluto. No existe ninguna igualdad sexual y no puede existir, ciertamente, ninguna en la que las asignaciones sean iguales, al cociente masculino y el cociente femenino en perfecto equilibrio. Con el sexo vuelves a estar en el bosque, vuelves a estar en la ciénaga. Es un intercambio de dominio, un desequilibrio perpetuo. ¿Vas a eliminar el dominio? ¿Vas a eliminar la docilidad? La dominación es el pedernal que enciende la chispa y pone el asunto en marcha. ¿Entonces, qué? Escucha. Ya verás. Verás adónde conduce el dominio. Verás adónde conduce la docilidad." 


“—¿Es que no te basta con un solo compañero monógamo? —le preguntó a Drenka—. ¿Te gusta tanto la monogamia con él que también la quieres conmigo? ¿No puedes ver ninguna relación entre la envidiable fidelidad de tu marido y el hecho de que te repela físicamente? —y siguió diciendo en un tono afectado—: Nosotros, que nunca hemos dejado de excitarnos mutuamente, no nos imponemos promesas ni juramentos ni restricciones, mientras que con él joder resulta repugnante incluso durante los dos minutos al mes en que te inclina sobre la mesa del comedor y te lo hace por detrás. ¿Y cuál es el motivo? Matija es corpulento, potente, viril, con esa cabellera negra parece tener un puerco espín en la cabeza. Sus pelos son auténticas púas. Todas las viejas damas del condado están enamoradas de él, y no sólo por su encanto eslavo. No, su aspecto las pone cachondas. Todas tus camareritas se pirran por el hoyuelo de su mentón. Le he visto en la cocina en pleno agosto, con casi treinta y ocho grados, cuando en la terraza hay diez hileras de personas que esperan mesa. Le he visto producir en serie las comidas, asar a la parrilla todos esos kebabs, la camiseta empapada en sudor, reluciente de grasa… Incluso a mí me pone cachondo, solo repele a su mujer. ¿Por qué? Su naturaleza ostentosamente monógama, no hay otra razón.”

El teatro de Sabbath


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El Sexódromo


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