Memorias de una viajera bien viajada

EN EL TONO DEL TONA

Acerca de tu libro, me gustaron sobre todo tus descripciones de situaciones irrelevantes y costumbristas (como los encuentros con personajes típicos en aviones).
Un compendio de crónicas de viaje, escritas con romanticismo, erotismo y humorismo (Ilustración: Karina Vargas)

Rafael Tonatiuh

“Fabio, Julio e Ignazut aseguran que nos desnudamos sin pudor alguno, para después hurtar la silla de ruedas a una anciana vociferante”: América Pacheco. Pasajera en trance.

En el tono de América

América Pacheco, estoy seguro de que estás leyendo esto porque trata sobre el libro que acabas de publicar; tu primer libro. Por eso va dirigido principalmente a ti, aunque mucha gente más lo lea.

Te diré la razón por la cual escogí esa cita de tu libro para iniciar: porque describe una escena morbosa, capaz de activar la curiosidad del lector y se anime a adquirirlo: “¿Quiénes se desnudaron? ¿Dónde lo hicieron? ¿Por qué despojaron a una anciana de su medio de transporte?”. Cuando lo lean sabrán que ocurrió en Barcelona, y después (además de divertirse, conmoverse y aprender cosas) que tu libro es un compendio de crónicas de viaje, escritas con romanticismo, erotismo y humorismo (pero sin más de lo mismo, porque eres original).

Cuando te conocí en el año 2009, eras mi amor platónico (crush, como dice ahora la chaviza). Aunque sabía que ibas a encontrarte con tu novio virtual francés, te di consejos para tu primer viaje a la Ciudad de la luz. Ahora viajas más a París que a Celaya, y ello nutrió las páginas de tu libro (complementado con tus peripecias en Barcelona, España; Copenhague, Dinamarca; Ternat, Bélgica y Ámsterdam, Holanda).

Perdí la obsesión sexual, pero no la textual, pues siempre me gustó tu escritura. Acerca de tu libro, me gustaron sobre todo tus descripciones de situaciones irrelevantes y costumbristas (como los encuentros con personajes típicos en aviones).

Recordarás que también fui yo quien te aconsejó que escribieras en los aeropuertos, para aligerar las esperas (lo cual te llevó a publicar en MILENIO Diario, Animal Político y Anagrama Cultual).

En el tono del Tona en América

Discúlpame por llegar tarde a la presentación de tu libro (a la que acudí con Mayita Mazariegos, cuyo taxi se desvió “casualmente”, como si llevara a una turista francesa), a cargo de Gerardo Cárdenas, Gerardo Grande, Wencesalo Bruciaga y Antonio Calera-Grobet (este último, editor, anfitrión y propietario de Hostería La Bota, ubicada en San Jerónimo 40, Centro Histórico, CdMx, donde se realizó el evento).

Perdóname también por robar la atención de tu público al resbalarme y caer estrepitosamente sobre un mueble lleno de saleros; no fue mi intención convertirme en un showman, solo soy pendejo, y lo sabes bien porque viajaste conmigo a París y lo narras en el capítulo XII, titulado #CórrelePendejo, haciendo un crossover de tonos, pues ambos tenemos un imán para atraer situaciones inusitadas y, con frecuencia, embarazosas.

En ese capítulo me recordaste experiencias olvidadas e iluminaste sobre otras que desconocía, por ejemplo, por qué rayos nos la pasamos corriendo por el aeropuerto cuando llegamos; yo no hablo francés como tú, solo sé que corríamos y corríamos como pendejos y que hablabas desesperada con el personal del aeropuerto Charles de Gaulle.

En mi versión no autorizada de los hechos, aclaro: 1. La persona que se echó para atrás con el hospedaje prometido pertenece a la jerarquía nobiliaria francesa; tal vez hizo bien, porque hubiéramos provocado una rebelión entre los vasallos del castillo. 2. No dijiste que en ese autobús nocturno por las calles solitarias de París, nos pusimos las máscaras de luchador y luchamos, para regocijo de la Corte de los milagros que nos acompañaba. Y 3… debes saber que cuando nos separamos aquella última semana, después de que ocupaste el único cuarto disponible, crucé la calle y me registré en el hotel de enfrente, y cuando regresé por mi equipaje, la recepcionista (una amable negrita que hablaba español y a la que le regalé un disco de Armando Manzanero) me dijo que un señor no había confirmado su reservación y podían darme su cuarto. Así me dieron la habitación junto al armario donde guardan los equipajes.

A la mañana siguiente, desde la sala con chimenea del lobby, observé a un viejito que llegó a la recepción; lo vi hablar en francés con el recepcionista del turno matutino, discutir molesto y marcharse. Creo que a ese anciano vociferante le quité su habitación. Así fue como estuvimos en el mismo hotel, sin que lo supieras.

Pasajera en trance, de América Pacheco. Mantarraya Ediciones /Hostería La Bota. Además de en la hostería, puede hallarse en las librerías Marabunta, Cafetería, La Increíble y Casa Tomada. En el link: https://www.kichink.com/buy/1862739/amrica-pacheco/pasajera-en-trance

También le pueden preguntar a la autora, en Facebook, o en Twitter:
@amerikapa.

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