• No tuvieron hijos para que las cuidaran: ellas ahora reinventan la forma de envejecer

  • Ellas vivirán la vejez bajo reglas distintas a las de sus madres y abuelas. Expertos explican cómo construir autonomía, redes de apoyo y una vida digna.
Ciudad de México.- /
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M+.- Las mujeres que decidieron no ser madres, las que decidieron no tener pareja y las que eligieron ambas cosas llegarán a la vejez después de haber roto con uno de los modelos más arraigados en México: que una mujer haga una familia, cuide de ella y, que cuando envejezca, esa misma familia se haga cargo de cuidarla.

Laura tiene 57 años. No tuvo hijos. Y cuando piensa en su vejez, no se imagina abandonada, sino rodeada de amigos, quizá viviendo en alguna comunidad creada para una generación que tocará los 70 u 80 años con una idea de familia distinta.

Incluso bromea con que para el año 2045 existirán “viajes geriátricos, ofertas de cruceros dirigidos para mujeres mayores ‘solas’, esas que nunca tuvieron hijos”, dice con una sonrisa y la claridad de haber elegido lo mejor para ella.

Nunca contempló convertirse en madre para garantizarse compañía. “Nunca me creí eso de tener hijos para tener quien me cuide”, dice desde el tercer piso de un edificio de la colonia Nápoles. Ahí Laura compró un departamento cuando estaba en sus treinta. Se dedica al marketing, tiene un sueldo que rebasa los 50 mil pesos mensuales, es una mujer guapa y, aunque ve lejana su vejez, dice que se prepara construyendo relaciones sólidas de amigas que viven un presente parecido al de ella.

Su decisión de no tener hijos forma parte de una transformación que en las próximas décadas también modificará la manera en que envejecemos.

“Envejecer dignamente no debería depender de si tenemos o no hijos, no importa si somos mujeres heterosexuales, lesbianas, solteras, divorciadas, amigas que terminaron convirtiéndose en familia”, advierte Guadalupe Cañongo, de la Escuela Nacional de Trabajo Social de la UNAM y especialista en gerontología, la ciencia que estudia el proceso de envejecimiento humano desde una perspectiva biológica, psicológica, social, económica y cultural.

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Para entender la dimensión del cambio, basta mirar a las personas mayores de hoy. Muchas de ellas pertenecen a generaciones que cuidaron a otros desde que eran niñas: primero los hermanos, después los padres, luego llegaron las parejas y los hijos y finalmente los nietos. Algunas llegan a los 60 o 70 años y continúan haciéndolo. Cañongo conoce el fenómeno incluso dentro de su propia familia: su madre, de 68, cuida a su abuela de 99. Una mujer mayor cuidando a otra mujer mayor.

En México hay más de 32 millones de personas mayores de 50 años, según la Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México (ENASEM); 16.9 millones son mujeres, por lo que para 2045 la generación de Laura estará entrenando a los 70 años y los que hoy están en sus treintas entrarán a sus cincuentas y podrían ser cerca de 50 millones de personas.

Un dato interesante del estudio es que hoy, entre las personas de 60 a 79 años, 31.7% presenta síntomas de depresión, 41.8% reporta soledad y 9.5% vive sola. Entre quienes tienen 80 años o más, la depresión sube a 47.6%, la soledad a 43.6% y quienes viven solos llegan a 15.1%, por lo que envejecer solo y sentirse solo no son lo mismo.

“Hay mujeres que, cuando comprenden el concepto de cuidado, se dan cuenta de que lo han hecho desde que tienen uso de razón.” Y sin embargo, algunas llegan a la vejez sin pensión, sin patrimonio o sin seguridad social porque buena parte del trabajo que realizaron nunca fue reconocido ni remunerado.

No es lo mismo vivir sola y estar sola

Las mujeres que envejezcan en veinte o treinta años serán distintas. Laura es una de ellas. “Venimos de abuelas y madres que sacrificaron absolutamente todo por la familia”, dice. “Y sí, me tocó romper un patrón”, dice.

Para ella, no tener hijos no significa haber renunciado a construir una vida. Significa que el propósito puede estar en otro sitio. “Nos enseñaron que los hijos nos daban propósito. Entonces, si no hay hijos, ¿cuál es el gran propósito?”

Laura lo tiene claro: puede viajar. Trabajar. Crear una empresa. Cuidar el cuerpo. Construir amistades. Pero la libertad también implica hacerse cargo del futuro. Ella sabe que necesita un plan de retiro, ahorro y recursos para mantenerse cuando deje de trabajar, pues aún es parte de una empresa multinacional en la que lleva más de veinte años trabajando.

Guadalupe Cañongo explica que esto va más allá de tener una pensión de jubilación o un seguro médico o un plan de retiro. Las personas que buscan prepararse para la vejez deben ir ya construyendo una red. Amigos, hermanos, vecinos, compañeros. Lo que Laura llama “redes de contención” y Cañongo define como tener vínculos comunitarios y las nuevas formas de familia.

La especialista explica que fácilmente una mujer puede vivir sin hijos ni pareja y mantener una red afectiva sólida. Así como también puede haber tenido cinco hijos y descubrir que ninguno puede o quiere hacerse cargo de ella.

Por eso el desafío no consiste en evitar que las mujeres envejezcan solas. “Esa es una autonomía y hay que celebrarla”. Lo que México tendrá que resolver es cómo garantizar que puedan hacerlo con seguridad, ingresos, servicios de salud y cuidados cuando los necesiten. Y ahí la responsabilidad ya no puede recaer solo en las familias. Si durante décadas fueron las hijas, esposas, hermanas y madres quienes absorbieron silenciosamente buena parte de los cuidados, una sociedad que envejece tendrá que encontrar otras respuestas.


Esto necesitas para prepararte para una vejez digna

El Estado tendrá que asumir una parte. Pero también aparecerán nuevas formas de comunidad. MILENIO le preguntó a Guadalupe Cañongo cómo podemos prepararnos para una vejez digna.

“De entrada, diría que hay que concentrarnos en los años que nos quedan por vivir y no solo en los años cumplidos. Sin caer en obsesiones por la delgadez o la juventud, ni restarle importancia porque parezca un ‘cliché’, debemos mantener actividad física, cuidar la alimentación, la salud mental y estimular nuestras capacidades cognitivas no solo para prevenir enfermedades, sino para conservar y desarrollar autonomía, funcionalidad y bienestar durante más años”.

También es importante pensar en nuestra vivienda, dice, y en el entorno en el que queremos envejecer. Preguntarnos si esos espacios nos permitirán seguir siendo independientes y realizar nuestras actividades cotidianas.

“Muy importante es fortalecer nuestros vínculos y ampliar nuestras redes de apoyo. Envejecer dignamente no debería depender de haber tenido hijos, hijas o de contar con una familia que pueda hacerse cargo de nosotros. Las amistades y otros vínculos significativos también pueden acompañarnos y ser parte importante de nuestra vida conforme envejecemos”.

Recomienda seguir aprendiendo. Aprender a ver la longevidad como una posibilidad de descubrir nuevos intereses, aprender cosas distintas y construir nuevos proyectos. “También conviene hablar con nuestros seres queridos sobre las decisiones importantes que podrían presentarse más adelante, incluidos nuestros deseos sobre los cuidados que queremos recibir y cómo queremos vivir el final de nuestra vida”.

No descarta el ‘cohousing’: viviendas en las que personas mayores conservan espacios independientes y al mismo tiempo comparten servicios y redes.

Esto hace Laura para envejecer dignamente

Dentro de esa preparación, Laura no deja de lado involucrarse en las decisiones públicas que están definiendo cómo vamos a envejecer como sociedad.

“Hay que estar atentos a la Ley de Cuidados en la CdMx o con el sistema público de cuidados que se trabaja a nivel federal. Eso también debe ser considerado como una forma de prepararnos para la vejez, porque los cuidados, la salud, la vivienda, la movilidad o el derecho a una muerte digna no dependen únicamente de las personas en individual, o de las familias, sino que también son responsabilidades del Estado”.

Quizá dentro de treinta años la imagen de una mujer envejeciendo dignamente ya no sea necesariamente la de una abuela rodeada de hijos y nietos. Puede ser una mujer viviendo en su propio departamento. Con dinero suficiente para mantenerse. Con un cuerpo que todavía le permita moverse. Con amigos a quienes llamar cuando necesite ayuda. Con vecinos que sepan quién es. Con servicios públicos y privados capaces de cuidarla cuando ella ya no pueda hacerlo sola.

Es más, Cañongo tiene una propuesta extra: dejar de nombrar “el Día del Abuelo” al 28 de agosto, día dedicado al adulto mayor, pues no todas las mujeres y hombres al envejecer serán abuelos.

CHZ

  • Cinthya Sánchez
  • Periodista y Productora de Contenido. La investigación de sus historias se ha contado en libros, documentales y series. Ha recibido Mención Honorífica en el Premio Nacional Rostros de la Discriminación

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