Meter el pan al congelador puede parecer una buena forma de evitar que termine duro o con moho, pero también existe la duda de si el frío afecta su calidad. ¿El pan congelado se echa a perder, cambia de sabor o pierde su textura cuando finalmente se descongela?
La respuesta tiene que ver más con la calidad que con que el alimento se vuelva automáticamente inseguro. De acuerdo con el Servicio de Inspección y Seguridad Alimentaria del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), los panes y bollos comerciales pueden conservar su calidad en el congelador durante aproximadamente tres meses.
¿Qué le pasa al pan cuando lo congelas?
El congelamiento detiene buena parte de los procesos que hacen que el pan pierda calidad rápidamente a temperatura ambiente. Sin embargo, el tiempo que permanezca almacenado y la manera en que se envuelva pueden influir en el resultado.
Uno de los principales problemas es la pérdida de humedad. Si el pan queda expuesto al aire dentro del congelador, puede resecarse y desarrollar quemaduras por congelación, que afectan principalmente su textura y sabor.
El USDA señala que este fenómeno no significa que el alimento se haya vuelto peligroso para comer, aunque sí puede deteriorar su calidad.
Por eso, meter una pieza de pan directamente al congelador sin protegerla adecuadamente no es la mejor opción.
¿Cómo congelar el pan para que conserve mejor su textura?
Lo recomendable es envolverlo de manera hermética, tratando de reducir al máximo la cantidad de aire que quede en el empaque.
Si se trata de un pan rebanado, una opción práctica es dividirlo en porciones pequeñas antes de congelarlo. Así solamente se descongela la cantidad que se va a consumir y el resto permanece congelado.
También es importante que el pan recién horneado se haya enfriado por completo antes de guardarlo. King Arthur Baking recomienda dejarlo enfriar antes de envolverlo y congelarlo, ya que el vapor atrapado dentro del empaque puede convertirse en condensación.
¿Es mejor congelar el pan que meterlo al refrigerador?
Para conservarlo durante varios días, el congelador suele ser una alternativa más conveniente que el refrigerador. El frío del refrigerador puede acelerar el proceso por el que el pan pierde su textura suave y se vuelve rancio.
Cuando llega el momento de comerlo, las rebanadas pueden descongelarse a temperatura ambiente o incluso colocarse directamente en el tostador, dependiendo del tipo de pan.
Así que congelar el pan no significa echarlo a perder. Si se almacena correctamente y no permanece demasiado tiempo congelado, el principal cambio que puede presentarse después de descongelarlo es una pérdida de calidad, especialmente en textura.
JCM