Tras la muerte de sus padres, el escritor Alejandro Sandoval Ávila (Aguascalientes, 1957) escribió en 2013 El paso de las bestias y las aguas, publicado recientemente por la Secretaría de Cultura y Ediciones Sin Nombre. Es un poemario en el que desarrolla los temas del duelo y la disgregación familiar.
El también novelista, cuentista y ensayista dijo en entrevista con MILENIO que la obra se originó al observar cómo el tronco familiar desaparece con la ausencia de los padres: “En cambio aparecen sentimientos, sensaciones y acciones que, en mi caso, la presencia paterna no había dejado salir. Me di cuenta de que los padres sirven un poco como muro de contención emocional”.
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Sobrecogido por esa experiencia, dice haber escrito la base de El paso de las bestias y las aguas en tan solo tres semanas: “Entendí a los poetas que dicen que los versos les son dictados. De alguna forma lo que me dictaba no era algo espiritual, sino el inconsciente: fue una catarsis”. [OBJECT]
Sandoval Ávila cuenta que con el tiempo y las críticas de algunos colegas fue descubriendo características ocultas del libro: desde el hecho de que el titulo fuera un endecasílabo perfecto hasta la ambientación de los poemas en las ciudades de su infancia y adolescencia.
“De la nada caí en la cuenta de que Aguascalientes y San Luis Potosí fueron ciudades no solo en las que crecí, sino que, además, se construyeron precisamente con el paso de las bestias y las aguas: ciudades mineras en las que los caminos se formaban con el caminar de los animales”.
Aunque el poemario es una ventana a personas cercanas, el autor asegura que buscó retratarlas en sus justas dimensiones para mostrar el lado humano de los padres y hermanos. Considera que la experiencia de un posible lector joven puede ser enriquecida si fija su atención en ese hecho. “Cualquiera se dará cuenta de que se trata de un libro doliente, dolido y, a momentos, de una ira meditada. Eso pasa porque escribo sobre personas que ya no somos ni seremos. Un pasado cerrado”.
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Sobre El paso de las bestias y las aguas adelanta que está dividido en cinco partes, una por cada integrante de su familia, pero que son dos las partes más crudas: la primera, “María”, se refiere a la figura de la madre, pues la suya dice haber sido “un sol eclipsado”, una mujer talentosa e inteligente que prefirió dedicarse a ser esposa y madre, antes que una mujer exitosa.
La segunda, “Minotauro”, exhibe la figura de su padre como la de los antiguos patriarcas, llena de contradicciones y, según confiesa, como la de un rival antes que la de un compañero y maestro. “Fue una figura muy presente por el peso que ejerció sobre mí”, añade.
Con experiencia en otros géneros literarios, además de haber tratado el tema de la familia en su novela La justa fatiga, Sandoval Ávila está seguro de que no había forma de escribir sobre el duelo que no fuera a través de la poesía.
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