El origen de 'carrancear' y otras palabras revolucionarias

Lenguaje

Algunas de estas palabras y expresiones surgieron hace más de cien años, pero nuestros políticos les dan una vigencia que las hace pasar por recién inventadas.
Venustiano Carranza y sus simpatizantes. (Fondo Casasola)

Ángel Soto

Además de sangre, cambios sociopolíticos y varias páginas de historia, la Revolución Mexicana nos dejó unas cuantas palabras que de vez en cuando resuenan entre los hablantes.

Aprovechamos este 20 de noviembre, aniversario de la Revolución Mexicana, para recordar algunas de ellas y explicar su origen y significado. 

Carrancear 

Se dice que una comunidad adopta las palabras que le son indispensables para describir su vida cotidiana. El verbo carrancear —una adaptación del apellido de Venustiano Carranza— no podría ser más atinado para aquella época (y también para la nuestra). El Diccionario de mexicanismos de la Academia Mexicana de la Lengua lo define de forma lacónica pero irrebatible: robar

En los agitados días de la Revolución, el abuso de poder era un asunto de todos los días. Amparados en esa mezcla de miedo y respeto que despertaban en la población, los soldados y funcionarios de Venustiano Carranza arrasaban con todo a su paso. 

“Se sentían traicionados por los regiomontanos, a quienes acusaban de apoyar a Victoriano Huerta —explica el historiador Héctor Treviño—. Se trataba de un ejército de miles de personas; había que dotarlos de alimentos, ropa y armas. Por eso, a la hora de satisfacer las necesidades no importaba mucho si tenían o no dueño”. 



Hecho la mocha 

No es exagerado pensar que, después del hurto, los saqueadores huían hechos la mocha. Entre los ferrocarrileros, se conocía como mocha a una locomotora muy pequeña y ligera usada para casos de emergencia o para arrastrar a los grandes trenes con facilidad. Sus características le valieron la fama de veloz, pero a los encargados de ponerla en marcha les pareció que esa máquina férrea era como una locomotora recortada y por eso comenzaron a llamarla mocha. 


Bilimbique 

Como en todo movimiento armado, el dinero era un tema prioritario y, como era de esperarse, durante la Revolución Mexicana el asunto se salió de control. 

Cuando Victoriano Huerta destituyó a Francisco I. Madero a través de un golpe de estado, ordenó a los bancos privados entregar a su gobierno el respaldo metálico y emitir una cantidad incontable de billetes sin respaldo. 

Las consecuencias: el dinero perdió su valor, el sistema bancario entró en crisis y las autoridades municipales, militares, comerciantes y hacendados tuvieron que hacer monedas de necesidad entre 1913 y 1915. 

La palabra bilimbique es una mexicanización del nombre Billy Weeks, un estadunidense afincado en México que pagaba a los trabajadores de la mina Green de Cananea, en Sonora, con vales de papel. 

Además de que esos ejemplares sólo servían en la demarcación regida por el emisor, había bilimbiques de todas las formas y colores, una ventaja que los falsificadores aprovecharon a la primera oportunidad. 

Cuando el gobierno constitucionalista se consolidó, ordenó la creación de una moneda única a la American Bank Note Company, de Nueva York, pero el nuevo billete fracasó a causa de una devaluación el mismo año en que comenzó a circular, en 1916. 

El conflicto monetario se solucionó hasta 1917, cuando se promulgó la Constitución, que en su artículo 28 estableció que “la emisión del papel moneda correspondería a un sólo Banco bajo el control gubernamental”. Esa institución es la que hoy conocemos como Banco de México

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