Muestra revive la presencia de John Cage en México

Se enfoca en dos visitas que el músico hizo en 1968 y 1976 y su relación con Octavio Paz, Mario Lavista, Conlon Nancarrow y otros intelecutales.
El compositor (al centro) en animada tertulia con Eduardo Mata (a la derecha) y otros en el Café de Tacuba.

Xavier Quirarte

En una de sus obras de la llamada música indeterminada, John Cage (1912-1992) refiere que en su niñez se decía que el sol y el jugo de naranja eran buenos para la salud. El sol californiano lo llevó casi a la insolación, por lo que pronto aprendió que para él no era sano.

“Me llevó mucho más tiempo, como 35 años, de hecho, aprender que el jugo de naranja tampoco era bueno para mí”, dice el texto de su obra 142. Con el buen humor que le caracterizaba, el compositor John Cage estaría encantado de que la muestra documental Pasajeros 03: John Cage se presente en el Museo Jumex: le sacaría jugo a la anécdota (como alguna vez hizo música en un cactus).

Curador de Pasajeros 03: John Cage, Gabriel Villalobos dice en entrevista que la exposición “se enfoca en dos visitas que hizo Cage a Ciudad de México, en 1968 y 1976, y su relación de amistad con mexicanos como Octavio Paz, Mario Lavista y Conlon Nancarrow (estadunidense nacionalizado mexicano)”.

La muestra contiene cartas cruzadas entre estos personajes, fotografías de su estancia en Ciudad de México, programas de mano de los espectáculos en los que participó, libros donde se documentan sus visitas y dos obras de arte en homenaje al compositor: Jaula, de Arnaldo Cohen y Mario Lavista, y Renga IV, de Kazuya Sakai. También se puede ver la publicación original del poema de Paz “Lectura de John Cage” en la revista Diálogos.

El curador refiere que en 1976 se presentó en el Teatro del Ballet Folklórico de México con el pianista Grete Sultan. “Ella tocó ocho de los Études australes y él Empty Works, una obra que es más bien poesía hablada donde utiliza textos de los diarios de Henry David Thoreau que va deconstruyendo con el I Ching”.

Ocho años antes, indica Villalobos, el compositor estadunidense se había presentado como uno de los músicos de la Compañía de Danza de Merce Cunningham. “Con el pianista David Tudor tocó tres de sus obras y en una de ellas leyó un texto en voz alta. De hecho tenemos un video de esa pieza, How to Pass, Kick, Fall, and Run, que aunque no es de su presentación en el Palacio de Bellas Artes, sino de Ámsterdam dos años después, ilustra el tipo de obras presentadas en México”.

Entre los testimonios sobre la visita del compositor, está una entrevista realizada por el escritor, médico y crítico musical Juan Vicente Melo, publicada en Revista de Bellas Artes. En el primer párrafo, el escritor pone de manifiesto que las presentaciones de la compañía de Cunningham “fueron de los eventos más originales, fascinantes y saludables que hayamos visto durante muchos años en nuestro país”.

Parte del material fotográfico exhibido fue proporcionado por Beatrice Trueblood, quien estuvo muy involucrada en el trabajo editorial de la Olimpiada Cultural de 1968. La imagen de Cage con Nancarrow es de la colección particular de Yoko Sugiura-Nancarrow, mientras que un retrato del músico en Cuernavaca en 1973 fue proporcionado por la Fundación John Cage (esa visita no está muy documentada, salvo por esa foto y algunas cartas enviadas a Octavio Paz).

En Pasajeros 03: John Cage, concluye Villalobos, “se pueden ver las pistas, los trazos que dejó John Cage en México y que, de otra manera, no se conocerían, pues la mayoría de los materiales son de colecciones particulares. El reto fue reunirlos y presentar una historia”.

Testimonio de su amigo personal Mario Lavista 

Un aspecto de la vida de Cage del que se habla poco se refiere a sus nexos con México, los cuales fueron siempre generosos y enriquecedores. Como crítico de la revista Modern Music escribió, alrededor de los años 40 uno de los más bellos y certeros ensayos sobre la Sinfonía india de Carlos Chávez, de la que dijo que era “como la tierra sobre la que caminamos vuelta audible”.

Poco tiempo después, le encargó a Chávez la Tocata para percusiones, una de las obras maestras del compositor mexicano, la cual no fue estrenada por Cage ya que, según sus propias palabras, “sobrepasaba la capacidad técnica” de los percusionistas de su grupo. En 1976, Cage visitó México en compañía de la pianista Grete Sultan a presentar sus últimas obras (los Études australes, entre otras) y a dictar una serie de memorables conferencias. Al poco tiempo comenzó a colaborar en la revista mexicana de música Pauta, enviando textos y poemas y permitiendo la traducción de varios de ellos. Señalemos también la admiración que manifestó siempre por la obra del poeta Octavio Paz.

Texto incluido en el catálogo de "Pasajeros 03: John Cage", Museo Jumex, 2018.



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