‘Los años azules’: Un retrato de la vulnerabilidad juvenil

La cineasta Sofía Gómez-Córdova destaca que el objetivo de su película es contar un tema cercano a ella y a su equipo, que puede conmover al público que recuerda sus años de juventud.
La trama aborda los vínculos que puedes crear con personas que no son de familia. (Especial)

Eduardo Gutiérrez Segura

La cultura de El Sol Naciente denomina los años azules a la etapa luego de cumplir 20 años, ahí, como en cualquier parte del mundo, física y emocionalmente los cambios, retos y éxitos experimentados forjan la personalidad del adulto que se llegará a ser; esas vivencias fueron retratadas por la cineasta Sofía Gómez-Córdova en su ópera prima.

En Los años azules Gómez-Córdova, coguionista de Somos Mari Pepa (2013), quiso contar una historia personal y al tiempo rendir un homenaje a la derruida casona en Guadalajara en la que descubrió lo que significa encontrar el camino a seguir con la ayuda de una familia que uno no escoge, porque los integrantes son tan disímiles a nuestra personalidad.

“Queríamos contar algo de lo que pudiéramos hablar de manera cercana y honesta, la referencia directa estaba en lo que nosotros, todo el equipo que participó, habíamos vivido en nuestros tiempos de estudiantes, que nos conmovía profundamente, era interesante que estos chavos empiezan sus vidas y lo hacen en un escenario tan bello, pero decadente”, dijo la cineasta a M2.

En el largometraje de 100 minutos, el público conocerá a Diana (Paloma Domínguez), Silvia (Ilse Orozco), Angélica (Natalia Gómez), Daniel (Aristeo Mora) y Jaime (Luis Velázquez), todos inmersos en la dificultad de crecer y de “construir una familia fuera de casa, una que no escoges, con muchas diferencias.

“A pesar de que son personas a las que no hubieras considerado como amigos, acaban creando un vínculo tan profundo con uno que se convierte en elementos de nuestra familia, y esa huella tan profunda que se puede generar en esas condiciones es algo que a mí me conmueve”, abundó Sofía, quien utilizó a un minino como el puente para ofrecer una visión más íntima de sus roles.

“Primero, por gusto personal, a Luis y a mí nos fascinan los gatos, quisimos contemplar la vida (de los personajes) desde esa mirada irónica que uno les atribuye a esos animales. En la casa donde filmamos, yo viví y donde sucedieron estos procesos había gatos, queríamos una visión desde dentro de los chicos y la casa, pero no desde su vista, el gato fue el vehículo”, contó.

Así, Gómez-Córdova entregó al público lo mismo en Jalisco y Guanajuato, que en Canadá, Los Ángeles o Japón, que visitó gracias a los festivales fílmicos, una película en la que se alejó de la forma tradicional de mostrar el universo de los jóvenes: “Es abordado desde una perspectiva quizá más regañona, en este caso dos de ellos parecen buenos para nada y otros muy independientes.

“Pero la mamá les lleva la comida. Queríamos contar esta película desde la vulnerabilidad de los personajes y sin juzgarlos, ha funcionado bien con el público, porque se conecta. Al final, nos decidimos por crear un arco a cada uno, que se basaba en el camino a la adultez, cuál era su complejo principal y cómo iban a moverse a otro lado”, contó. Sofía.

LAS CLAVES

LA REALIZADORA
Sofía Gómez-Córdova estudió cine en la Universidad de Guadalajara y en el 2015 fundó Brujazul, en donde desarrolla, produce y distribuye cine, televisión y proyectos educativos.

Editó más de una docena de cortometrajes y coeditó otros tantos largometrajes documentales.

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