Casa del Anciano del Padre Estala, ofrece la cura contra el abandono

Desde hace 21 años la Comarca Lagunera cuenta con un espacio para personas que no tienen a nadie, donde reciben amor, calidez de una nueva familia.
Casa del Anciano del Padre Estala lleva operando 21 años en Torreón. (Manuel Guadarrama)
Hace 11 años falleció el padre Estala, pero se quedaron al mando algunas jóvenes que fueron sus alumnas. (Manuel Guadarrama)
Mónico y Estrella tienen 100 años de edad y viven en la Casa del Anciano del Padre Estala. (Manuel Guadarrama)
Grandes historias de vida de cuentan todos los días en esta casa. (Manuel Guadarrama)

Luis Alberto López García

Desde hace 21 años la Comarca Lagunera cuenta con un espacio pensado especialmente para las personas de la tercera edad en situación de abandono: la Casa del Anciano del Padre Estala. 

El asilo surgió como una iniciativa y sueño del padre David Estala, quien desde joven sufrió un accidente que lo dejó paralítico y eso en lugar de frenarlo hizo crecer su labor como sacerdote misionero. 

“Comenzó a ver a muchas personas abandonadas que ayudó y hace 21 años el señor Salvador Álvarez le dio una casa sobre la prolongación Presidente Carranza (en la colonia Cerro de la Cruz) y donde la arregló para recibir a los ancianos. El asilo es para personas que no tienen a nadie, pero que necesitan de este espacio de amor, calidez y de familia”, cuenta Constanza Tobías Álvarez, directora de la casa. 

Desde entonces, platica, la labor siguió a lo largo de los años e incluso en el mayor tiempo de inseguridad en la ciudad, la labor altruista la siguieron las personas que iniciaron el espacio con el sacerdote. 

“Hace 11 años falleció el padre Estala, pero se quedaron al mando algunas jóvenes que fueron sus alumnas y luego las Hermanas de la Providencia”.

Sin embargo, desde hace un año y medio ocupan otro domicilio al oriente de la ciudad y donde pueden darle una atención más cómoda a 36 adultos mayores que en su mayoría tienen una edad de entre los 75 y 100 años de edad. 

El espacio físico que tienen ahora fue gracias al apoyo de la señora Josefina Hernández de Pérez, con la cual recientemente lograron firmar un convenio para tener el domicilio situado en la avenida Torre Latino número 1000 en comodato y el cual alguna vez fue concebido como un albergue para las personas a las que les trasplantaron órganos. 

“Los adultos que tenemos aquí tienen una doble vertiente: algunos de ellos abandonaron a sus familias y olvidaron totalmente a la familia y no quieren saber nada de ellos, y por otro lado el rechazo de los hijos porque tengo personas que han abandonado, quitado propiedades y traído al asilo”, detalla Tobías Álvarez. 


Una labor que subsiste de la caridad 

La Casa del Anciano del Padre Estala ha subsistido a lo largo de poco más de dos décadas por la solidaridad de los laguneros y eso es algo que no deja de sorprender a quienes la dirigen. 

“Hay una gran diferencia en un año que nos mudamos para acá y ha sido gracias a una gran cantidad de gente que nos trajeron desde palmas para hermosear la casa, la pintura que nos donaron para decorar y siempre tenemos un gran apoyo de la comunidad que hace que el asilo se vea cada vez más hermoso”, afirma Constanza Tobías.

Recientemente fue conformado un patronato que ya comenzó con una labor importante de organizar actividades para recaudar fondos para subsanar los gastos de operación de la casa, pero principalmente el pago de las 18 personas que trabajan ahí. 

“Recientemente se organizó una carrera y está en puerta una cena. Todo esto es con el fin sacar recursos para pagar cosas como los enfermeros que tenemos”.

Apunta que también diversas empresas y centros comerciales realizan donativos en efectivo o bien los incluyen en sus campañas de redondeo.

“Somos uno de los únicos asilos en que no se cobra”, resalta.

Establece que con el de apoyar a los adultos mayores que viven ahí los ayudan a tramitar diversos programas y apoyos gubernamentales que sirven para mejorar su calidad de vida, entre ellos las pensiones o bien su incorporación al seguro popular. 

Además de eso, diversas instituciones educativas escogen a la casa para que sus estudiantes brinden su servicio social y contribuir a sensibilizarlos sobre la importancia de voltear a ver las necesidades de un sector de la población. 

“Hay un sector de la sociedad al que le es indiferente el adulto mayor, pero me he sorprendido de que en Torreón hay muchos sensibles para los que más necesitan. Nos han apoyado con víveres, despensas y pañales”. 

¿Cómo apoyar?
Los interesados en contribuir en las labores de la propia casa pueden llevar como donativos pañales, guantes de latex, toallitas húmedas, papel higiénico, servilletas, cereal y atún.Pueden comunicarse también al teléfono: 712-2575.


'Rutina' que los mantiene ocupados 

La rutina en la Casa del Anciano del Padre Estala está lejos de ser tan tranquila, pues diariamente varios grupos estudiantiles acuden a convivir con los adultos mayores, además de que a simple vista se nota un constante movimiento en las dinámicas. 

Los adultos mayores cuentan sus anécdotas a los estudiantes que deciden visitarlos e incluso les dan consejos de lo que tienen que hacer para tener éxito, sin dejar de mencionar que en todo momento el personal del lugar está al pendiente de su cuidado y alimentación. 

Una de las que disfruta mucho la visita de propios y extraños es la señora Estrella, quien recientemente cumplió 100 años y en su silla de ruedas está en la sala principal de la casa, donde con una sonrisa recibe a los jóvenes y platica con ellos.

Originaria de Matamoros, Coahuila, prefiere no hablar sobre cómo terminó en ese lugar, pero sí habla bien del trato que le dan. 

Según los empleados de la casa, la mujer lleva ya varios años como huésped y es de las más representativas. 

También está Mónico, quien hace unas semanas cumplió 100 años y  aunque está en cama la mayor parte del tiempo se muestra optimista, platicador con quien lo visita, aunque le pide a las personas hablarle alto porque no escucha del todo bien. 

Los dos forman parte de la historia de personas que fueron abandonados por sus familias, aunque hay otros casos en que amigos de los residentes acuden seguido a saber cómo están.

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