La reconstrucción avanza a velocidades distintas

ESPECIALES MILENIO/REPORTAJE/A UN AÑO DE LOS SISMOS

En Chiapas, 58 mil viviendas resultaron afectadas por el sismo del 7 de septiembre de 2017; un año después, solo 4 mil 500 propietarios de viviendas de Jiquipilas han recibido recursos, pero consideran que ha sido insuficiente.
Habitantes de la comunidad chiapaneca esperan más ayuda oficial. (Jorge González)

Abraham Jiménez y Daniel Venegas

Jiquipilas, Chiapas, con sus poco más de 40 mil habitantes, fue uno de los municipios más afectados por el sismo del 7 de septiembre de 2017.

Dos semanas después, el día 24, los pobladores del ejido Quintana Roo vieron descender de un reluciente helicóptero blanco al presidente Enrique Peña Nieto. Fue la primera vez que un mandatario federal visitó este lugar.

Los pobladores recuerdan que llegó con buenas noticias, pues tras recorrer la comunidad pidió a los habitantes mantenerse unidos y les anunció que una semana después comenzarían a entregarse las tarjetas con recursos para la reconstrucción: hasta 120 mil pesos para casa con daños totales y 15 mil para las parciales.

De acuerdo con autoridades locales, en el estado 58 mil viviendas fueron afectadas y de ellas en Jiquipilas 2 mil se derrumbaron y otras 2 mil 500 registraron daños moderados.

Un año después los dueños de esas 4 mil 500 edificaciones han recibido recursos, pero consideran que han sido insuficientes e incompletos.

Aquí, en el ejido Quintana Roo, las calles no tienen nombre. Sus poco menos de mil 500 habitantes las reconocen recordando quién vive en ellas.

Por ejemplo, en esta calle la referencia es doña Ena, quien resultó con una pierna rota al caerle un pedazo del muro de la casa vecina durante el terremoto. A ella la ayuda llegó por medio de una fundación privada y hoy tiene una nueva vivienda.

Más allá, Mauricio, sus hermanos y su madre son identificados porque las casas de los distintos integrantes de la familia fueron afectadas.

A ellos comenzaron a llegar los recursos anunciados por el gobierno federal, iniciando con los cimientos, castillos, muros… y de repente las obras se detuvieron, de la misma manera que la llegada de recursos.

Reunido con vecinos y familiares, coinciden en que además, a pesar de que se había anunciado una férrea vigilancia para que no se dispararan los precios de materiales, no faltó quien lucró con la tragedia.

“Para empezar, estuvieron muy altos los costos y nos faltó algo que nos dieran para concluir nuestras casas; esto es lo que queremos que se haga llegar al gobierno federal o a quien corresponda, porque verdaderamente lo necesitamos”, señala, mientras su vivienda está a medio construir y comienzan a caer las primeras gotas de lluvia en esta tarde calurosa.

Mauricio explica que con el dinero de las tarjetas que entregó el gobierno federal “llegamos hasta donde alcanzó, porque desafortunadamente también las tiendas se elevaron mucho en sus precios; todo el material en cuanto supieron, se elevó”.

Quienes sí han terminado de construir, asegura, es porque tenían ahorros o consiguieron algún préstamo extra.

El 23 de julio pasado la titular de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, Rosario Robles, explicó que en las diversas entidades afectadas se han entregado 164 mil 521 tarjetas, que significa 96 por ciento del total; de éstas, 57 mil 624 corresponden para daño total y 106 mil 897 son para afectación parcial, y aclaró que solo 4 por ciento del total de las micas no se ha entregado por diversos motivos, entre ellos la veda electoral que recién pasó.

Además, se han depositado para el proceso de reconstrucción 7 mil 881 millones de pesos, de los cuales ya se retiraron 7 mil 387 millones.

En tanto, también en el Ejido Quintana Roo, Ena García, de 66 años, corre con una suerte distinta, pues a pesar que el temblor derrumbó su casa y le rompió una pierna, hoy, un año después, tiene ya una vivienda nueva, pero fue donada por el ayuntamiento de Jiquipilas.

Los ojos claros de esta mujer se abren mientras observa a detalle su nuevo hogar.

“Ya ni lo creo que estoy metida aquí en esta casa, pero ni lo creo que estoy metida en esta casa. Me gusta, a quién no le va a gustar una casa nueva”, señala, mientras las cicatrices de la operación de su pierna derecha se asoman bajo el vestido que se mueve con el aire impulsado por un ventilador.

En tanto, la familia de don Leopoldo, quien hace un año tras el sismo construía a golpes de machete el techo de una cocina provisional, hoy tiene una casa reconstruida y su esposa comparte una buena noticia que podría coincidir con el primer aniversario de la tragedia.

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