A sus casi 70 años es "cerillita" para mantener a su hijo enfermo

Para ella el retirarse de trabajar dejó de ser una opción desde hace muchos años, pues al menos así le da para conseguir lo mínimo para sus alimentos diarios.
"Sarita" tiene 69 años y desde hace seis empezó a trabajar en un supermercado en Lerdo. (Saúl González)

Isis Rábago

Todas las mañanas desde su casa ubicada en la colonia Las Palmas en Lerdo, Sara Castillo o mejor conocida como “Sarita”, llega a su lugar de trabajo como cerillita

Su baja estatura que a simple vista parece no más de un metro, su delgadez, su cabello blanco y su rostro marcado con las huellas del tiempo hacen parecer como si le costara sostenerse, como a las bolsas de mandado que empaca diariamente. 

Para ella el dejar de trabajar dejó de ser una opción desde hace muchos años, pues la enfermedad de su hijo de 50 años, quien padece diabetes, el fallecimiento de su esposo y la lejanía de su hija, le impiden pensar en un posible retiro del trabajo de empaquetar, mismo que al menos le da para conseguir los alimentos diarios que necesitan. 

Sara, tiene 69 años y desde hace seis empezó a trabajar en un supermercado, ubicado entre la avenida Francisco Sarabia y calle Allende como empacadora. 

A veces para ganar un poco más de los 100 pesos que en promedio obtiene diariamente, hace mandados a los encargados de los puestos de la plaza principal, quienes también la ayudan escuchando las historias sobre lo que ha enfrentado en su vida, la mayor parte del tiempo, no tan buenas. 

Su hijo padece de diabetes que lo ha dejado casi ciego, por lo cual hace mucho que no trabaja, “ya ni llevo la cuenta”, pero Sarita sabe que es necesario llevar alimento a la casa, en donde se cocina con leña porque el gas está muy caro, o ahora en una parrilla eléctrica que en días pasados le regaló su hija. 

Además de las propinas que le dejan por empacar y por traer mandados, tiene una pensión que le dejó su marido desde hace 15 años que falleció y que consiste en mil 900 mensuales. 

Pero este dinero no alcanza cuando se tiene que pagar medicamentos, doctores y operaciones para una persona con una enfermedad crónico degenerativa, como la que enfrenta su hijo y quien actualmente requiere de una operación de cataratas para su otro ojo. 

“Pos nada más yo con él, cuando se enferma pido prestado y después a pagar”, enfatizó. 

Como recientemente, cuando a su hijo le empezó a bajarle el azúcar al grado de convulsionarse, por lo cual lo llevó con el especialista para su recuperación, lo que significa otro gasto más. 

Su horario de entrada al trabajo no es tan exigente, pues llega alrededor de las 11:00 horas, pero primero debe atender a su hijo y proporcionarle el tratamiento adecuado, “lo bueno” es que hay flexibilidad entre los dueños del supermercado, asegura. 

Aunque el cansancio lo esconde entre la necesidad de trabajar para vivir, asegura que ya casi a sus 70 años no puede ignorar el dolor de pies que tiene al llegar a su casa, ni remediar el insomnio que diariamente aparece, lo cual importa poco, porque sea la hora que sea, diariamente llega a ocupar su lugar en el supermercado. 

Pese a que la situación que enfrenta desde hace muchos años es complicada, recientemente el diagnóstico que le dio el doctor oscurece su vida diaria, el especialista observó sus ojos que en momentos parecieran azules y le dio a conocer que también tiene cataratas y requiere de una cirugía. 

Sin embargo para Sara eso es imposible, pues además de no contar con recursos para la operación, representa el tener que faltar al trabajo y olvidarse del ingreso que necesita para cubrir las necesidades básicas.

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