A las 12:10 horas de este viernes 2 de octubre, las puertas de la sala Magna se abrieron dentro de la funeraria Gayosso, ubicada en el Periférico Raúl López Sánchez. En un aire denso, atravesado por murmullos y palabras de consuelo, se veían rostros llenos de tristeza que se unían en abrazos prolongados.
Dentro del féretro se encontraban los restos de Nedi Edith Nevárez González, la subdirectora y profesora de Español, de 57 años, que perdió la vida la mañana del jueves tras el violento ataque perpetrado en la Escuela Secundaria General Número 13 del ejido La Unión.
En un costado de la capilla, junto a la caja, descansaba un marco de madera oscura con el retrato de la docente: una fotografía de Nedi Edith sonriendo, con la mirada con la que enfrentaba la vida todos los días. Detrás del retrato, múltiples arreglos florales custodiaban la estampa con la que sus alumnos y compañeros prefieren recordarla.
Compañeros, amigos y familiares no tardaron en abarrotar el recinto. La sala quedó reducida ante los asistentes que acudieron a dar el pésame a la familia. A lo largo del espacio, hileras de enormes coronas de flores flanquearon los muros: arreglos cargados de follaje y crisantemos blancos y amarillos enviados por delegaciones sindicales y distintos planteles educativos de la Comarca Lagunera, donde la maestra trabajó y sembró amistades a lo largo de su carrera.
A las condolencias de la comunidad escolar se sumaron también los arreglos florales cargados de color por parte de funcionarios públicos, entre ellos la corona enviada por el gobernador de Coahuila, Manolo Jiménez, y la del alcalde de Torreón, Miguel Ángel Riquelme Solís.
Sin embargo, las muestras de apoyo se concentraron en el hombre de la tercera edad que, junto a las flores y otros familiares, custodiaba el féretro y se encargaba de recibir el pésame de las personas cercanas a la maestra.
Entre los abrazos apretados y los recuerdos compartidos sobre la entrega profesional de la subdirectora, el padre de la maestra pronunció una reflexión en voz baja junto a un asistente:
—“Que el mundo cambie es muy difícil, pero usted y yo vamos a tener fe de que así sea”.
Dentro de la capilla, el duelo no caminó solo. Corría a la par de una indignación sorda. En esquinas y pasillos, entre murmullos discretos y miradas de desconcierto, los docentes conversaban sobre el riesgo latente que hoy permea en las aulas y en cualquier centro educativo.
Entre arreglos florales, recuerdos de las aulas de clase y el reclamo de justicia que retumba en las calles de Torreón, la comunidad educativa dio el primer adiós a la maestra Nedi Edith.
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