Tatuadora le devuelve la sonrisa a sobrevivientes de cáncer

Berenice Vallejo se dedica a la reconstrucción de pezón a través del tatuaje. Su trabajo contribuye a que las sobrevivientes recuperen la autoestima tras la mastectomía.
Berenice Vallejo (Instagram @la.bere.vallejo).

Consuelo Juárez

Durante ocho años, Berenice Vallejo ha dedicado su tiempo a devolverle parte de su confianza a las mujeres sobrevivientes del cáncer de mama a través de su trabajo: ella se dedica a realizar tatuajes de reconstrucción de pezón después de una mastectomía

​El inicio

Berenice sabe muy bien lo que implica esta cirugía y los problemas emocionales y de autoestima que esto llega ocasionar en las mujeres que han tenido que pasar por esto, pues ella misma es una sobreviviente

Vallejo fue diagnosticada con cáncer de mama en etapa III C cuando tenía 30 años y, para poder vencerlo tuvo que pasar por quimioterapia, radiaciones y finalmente, la mastectomía. Los doctores que realizaron la reconstrucción de su pezón se enteraron a lo que se dedicaba: ella era tatuadora. 

Es así que pidieron su colaboración para perfeccionar la técnica de reconstrucción, pues, aunque ellos la realizaban por medio de la micropigmentación, descubrieron un mejor resultado si se realizaba con los materiales y técnica de un tatuaje común y corriente.

Así, aunque a algunos les parezca una combinación incompatible, médicos y tatuadora unieron fuerzas para reconstruir mucho más que un pedazo de piel: una vida. La primer paciente fue ella misma, con la ayuda de su socio. 

Las dificultades 

El proceso de recuperación después de una mastectomía es largo y difícil, tanto física como emocionalmente. Vallejo sabe que para las mujeres es complicado acercarse a realizar este procedimiento, pues aunque es una solución, no deja de ser doloroso. 

Físicas

"Casi todas las mujeres llegan por recomendación del médico, pues ellas mismas ni siquiera pensarían en someterse a un proceso que les va a causar más dolor", explicó la tatuadora. 

La zona de la cicatriz, explicó, siempre queda con más sensibilidad que cualquier otra parte del cuerpo, y para que esté lista para ser tatuada, necesita pasar por un proceso largo para llegar al punto en el que resista las agujas y la tinta. Este proceso debe ser vigilado por el médico y debe ser él quien de el visto bueno y anuncie a la paciente que su piel ya está bien. 

Sin embargo, la experiencia de la tatuadora también ayuda, y, cuando las mujeres llegan a su estudio ella analiza la piel y decide si puede proceder con el tatuaje. Si no, pide paciencia y recomienda a sus clientes algunos ejercicios para fortalecer la zona antes de hacerlo. 

Emocionales

El dolor, aunque es un problema y algo que sin duda asusta, no es la parte más difícil de estos procedimientos. 

"Es muy difícil para ellas. Emocionalmente vienen muy afectadas. Las mujeres no llegan a realizarse este procedimiento por una cuestión estética, para que se vea más bonito, sino que tiene el trasfondo de que están recuperándose de una enfermedad y de que están recuperando sus vidas y su autoestima, que viene muy afectada" dijo Vallejo. 

La recompensa

Aunque no es un proceso fácil, los resultados hacen que valga la pena, y no sólo nos referimos a lo visual. De hecho, aunque el tatuaje recupere la mama a la vista, lo que arregla, más que nada, es el alma

"Hay muchas pacientes que llegan al estudio como adolescentes. Cruzan los brazos, se tapan los senos, se paran encorvadas, inseguras. Cuando salen después de haberse hecho el tatuaje, aunque sea uno que no se ve al público, se paran diferente, enderezan la espalda, caminan diferente". 
"La mayoría suelta en llanto, es un golpe muy fuerte porque dicen 'se terminó esto, ya se acabó' entonces es un llanto de felicidad, de agradecimiento, no a mí, sino a la vida, por seguir ahí y por poder ponerle un punto final al sufrimiento". 

La empatía 

Berenice también llora. El vínculo y la empatía que tiene con sus clientes se vuelve fuerte pues ella sabe exactamente por lo que están pasando, por lo que al mismo tiempo, ellas tienen más confianza al sentirse comprendidas. 

Además, cada caso que llega a sus manos le hace recordar su experiencia, por lo que para ella, el alivio de las clientas es el propio. Además, le queda la satisfacción de haber ayudado poner fin a ese proceso de tanto sufrimiento. 

"La emoción es tanta que no puedo contener el llanto. Sigue siendo difícil, pero siempre les digo a mis clientas que hay que seguir caminando hacia adelante, y tratar de que no solamente nos ayudemos a nosotras mismas, y que tratemos de ser fuertes para nuestras familias, y que tratemos de mostrar una cara feliz aunque nuestra sonrisa nunca vuelve a ser la misma después de pasar por esto". 

El Cáncer 

Según la Organización Mundial de la Salud, existe un promedio 1.38 millones de mujeres con el diagnóstico confirmado de cáncer de mamá. Es por esto que aunque la tatuadora considera el Día Mundial contra el Cáncer de Mama una buena oportunidad para crear conciencia, opina que la prevención de la enfermedad debe tratarse de una campaña constante, de diario. 

"El cáncer no da sólo en octubre, por eso, prevenir debe ser una campaña diaria que está en nuestras manos, a través de informar a nuestras conocidas, desde las más chicas como nuestras hijas, hasta con nuestras madres y amigas. Hay que enseñarlas a revisarse, a tocarse y a escuchar a su cuerpo". 

Berenice trabaja de la mano con hospitales tanto privados como públicos. En el caso de los últimos, ella hace una labor altruista al tener precios de lo más accesibles para todo el mundo. Ella tatúa en el estudio Octattoo o en los hospitales cuando así lo requieren. 

cjr 

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