Así eran las ceremonias para marcar esclavas sexuales de Raniere

Una integrante del primer circulo de Raniere narró que las mujeres debían pedirle que las marcara.
Danielle Roberts se encargaba de marcar a las mujeres.

Juan Alberto Vázquez

Keith Raniere “imaginó que tendría miles o casi un millón de seguidoras” en su grupo secreto de culto sexual DOS y para conseguirlo mantenía una presión constante sobre su círculo cercano de “esclavas” que debían conseguir adherentes por todo el país, dijo esta mañana en Brooklyn Laureen Salzman, una de las que integraban el círculo interno del líder de Nxivm

“Me estaba presionando para tener 100 esclavas, incluso familiares" y yo apenas contaba seis”, lamentó la mujer.

La testigo, que estuvo al lado del falso gurú casi dos décadas y hoy aceptó haber cometido actos criminales a su lado, detalló cómo fue la ceremonia donde le practicaron el tatuaje con las iniciales de Raniere. 

En una reunión con otras mujeres cercanas, la acostaron en una mesa y procedieron al trabajo en su cadera justo en la marca del bikini. “Es una sensación dolorosa de una pluma que emite radiaciones eléctricas y de calor” recordó. “¿No es genial?” le dijo la actriz Allison Mack al darle el recibimiento a la élite de mujeres.

"Además de un maestro ahora cuentas con esposas hermanas", le prometió a Salzman la estrella de Smallville quien estaba bastante confiada en que las cercanas a Raniere criaran juntas a los hijos que el líder pudiera concebir con ellas, como en una comuna. El cacique también la obligó a tener un trío con él y la actriz.

Laureen Salzman, que vestía un holgado pantalón negro con una camisa blanca manga larga de poliéster, siempre al borde del llanto y la indignación, prestó su casa para realizar el mismo acto con otra aspirante llamada Jimena a la que le costó mucho trabajo. 

“Fue aterrador ver eso pues asustó a las otras chicas”. Antes del proceso, las aspirantes debían repetir: "Maestro: por favor, póngame la marca; será un honor que quiero llevar por el resto de mi vida".

Vistiendo su suéter azul metálico de otras jornadas, ya con el pelo corto y las canas que le brotan con rapidez, a Raniere le han caído de sopetón los años. 

Como el caudillo de una organización de autoayuda, ya desapareció el personaje sobrado que se negaba a abandonar los modos juveniles y hoy es un acusado con la preocupación encima al que la mala comida de prisión lo orilló a una delgadez extrema que quizás no experimentaba desde sus años mozos.

De andar contrito y suaves modales, Laureen dedicó un buen tramo de su testimonio para hablar de la mexicana Mariana sin poder ocultar la molestia que le provocaba verla embarazada mientras que a ella, Keith Raniere la mantenía con promesas de una vida futura con hijos.

“Tomábamos fotos de nuestra vagina tres veces a la semana” dijo finalmente Laureen Salzman, “Nos estábamos quedando sin ideas para complacerlo” y agregó que, ya en una actitud sicótica, el gurú les sugirió que organizaran crímenes como meterse a una casa ajena a robar algo.

​​nerc

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