El 4 de octubre Brasil vivirá unas elecciones que pueden ser cruciales para el futuro de sus habitantes. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, irá por la reelección frente al derechista Flávio Bolsonaro.
Con ese escenario como un contexto clave, pasó por Nueva York la semana pasada con una agenda que combinó lo político y lo protocolar: tuvo a cargo la apertura del debate de la 81° Asamblea General de las Naciones Unidas, mientras que en los días previos se reunió con los principales referentes progresistas de Estados Unidos, que hoy disputan la conversación pública y la atención de los votantes.
Encuentro con Mamdani
La reunión de mayor impacto fue la que sostuvo el lunes de la semana pasada con Zohran Mamdani, el alcalde demócrata de Nueva York. La reunión con el joven líder neoyorquino, referente de los sectores progresistas en el mundo, es un modo con el que Lula da Silva hace visible su posición frente al gobierno de Donald Trump.
Este gesto confronta con las posiciones de Bolsonaro, quien anunció que, en caso de ser presidente, otorgará ventajas al comercio estadunidense e integrará a Brasil al llamado Escudo de las Américas, mecanismo que habilita la intervención militar de Washington en el territorio de los países de América Latina.
La conversación giró en torno a las crecientes dificultades de los trabajadores para sostener los consumos vitales, incluso en la propia Nueva York, la ciudad más cara de Estados Unidos y uno de cada cuatro de sus habitantes vive en la pobreza. Por eso Lula y Mamdani coincidieron en que deben poner a los sectores más vulnerables en el centro del presupuesto público.
Más tarde, el brasileño se reunió con el senador socialista por el estado de Vermont, Bernie Sanders, y con el presidente uruguayo Yamandú Orsi, con quien dialogó sobre integración regional, el Mercosur y la Celac.
Una mirada geolpolítica
En el comienzo de su alocución ante la Asamblea General, Lula da Silva se enfocó en la crisis que atraviesa el sistema de Naciones Unidas que tiene como una de sus principales misiones es promover la paz en todo el planeta y que la inmovilidad actual hace que carezca de credibilidad de capacidad de acción concreta.
“Su capacidad de proteger a los más vulnerables, a los que no tienen ejército ni arsenales, nunca fue tan pequeña”, afirmó.
Señaló que 2025 registró el mayor número de conflictos armados desde la Segunda Guerra Mundial, financiados por una nueva oleada armamentista, y reiteró sus críticas al Consejo de Seguridad, bloqueado en cualquier actuación por el derecho de veto que ejercen sus cinco miembros permanentes (China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia). Confrontó el modelo de multilateralismo con el unilateralismo impulsado por Trump, y llamó a defender las soberanías nacionales en contra de la subordinación a las potencias imperiales.
Lula Da Silva calificó de genocidio la intervención militar sobre la Franja de Gaza llevada adelante por el gobierno israelí encabezado por Benjamín Netanyahu, a quien criticó también por el crecimiento de los asentamientos ilegales en Cisjordania.
En otros tramos de su discurso reivindicó la reducción sostenida de la deforestación amazónica y al Fondo Bosques Tropicales para Siempre, impulsado por Brasil en 2025, como prueba de que “el bosque vale más en pie que destruido”. Consideró que sería una “omisión histórica imperdonable” no regular a las grandes tecnológicas y la inteligencia artificial, acusando a un puñado de “tecnoligarcas” de promover una carrera sin frenos éticos”.
Lula vs Trump
En varios pasajes de su discurso confrontó con el presidente estadunidense. Reclamó buscar alternativas diplomáticas realistas en la guerra entre Rusia y Ucrania y el conflicto en el estrecho de Ormuz, que comenzó con el ataque el Pentágono sobre Irán. Luego enfocó en las consecuencias de la política “imperial” del presidente Trump y diferenció su posición respecto de la sumisa actitud de su contrincante electoral, Flávio Bolsonaro.
Ubicado en la región que Trump busca convertir en área de influencia económica y militar hegemónica, Lula sostiene que su gobierno jamás aceptará resignar soberanía.
“Brasil no cabe en el patio trasero de nadie”, sentenció.
Esta frase terminó siendo una respuesta anticipada al propio Trump, quien afirmó que no permitirá “que las amenazas contra Estados Unidos se afiancen en ningún lugar del continente americano. Y, si es necesario, utilizaremos nuestro poderío militar sin igual”.
La tensión entre ambos gobiernos no es nueva, desde las sanciones arancelarias, la intervención en el ámbito político interno, hasta la revocación de la visa diplomática a la embajadora brasilera en Washington, las fricciones aparecieron, en lenguaje diplomático, en la tribuna de la ONU.
Entre los temas que Lula puso sobre el tapete estuvo la injerencia externa en procesos electorales que impulsó Trump en toda América Latina, y que actualmente parece querer llevar también a Brasil, donde apoya abiertamente la candidatura del derechista Flávio Bolsonaro. No sorprende en este contexto que, al día siguiente, la empresa META haya decidido restringir los anuncios en la cuenta oficial de su campaña de la red Facebook.
A lo largo de su corto paso por Nueva York, Lula da Silva intercaló su mirada geopolítica y su posicionamiento internacional con menciones a los logros de su tercer mandato —la reducción del hambre, la ley contra las facciones criminales, el récord de exportaciones pese al arancel— un modo de poner también en el plano internacional la disputa con su rival ultra derechista.
LJ