Chrystia Freeland, la ministra que quiere salvar al TLCAN

FT Mercados

La ministra de Asuntos Exteriores de Canadá, entra al escenario para enfrentar a Trump y salvar al TLCAN.
"Estoy totalmente a favor de Canadá. Estaba decepcionada y triste, pero también soy dura y fuerte”(Juan Carlos Bautista).

James Politi

En medio de las fuertes tensiones que hay entre Estados Unidos (EU) y Canadá después de la cumbre del G7 en junio, Chrystia Freeland, ministra de Asuntos Exteriores de Canadá, pronunció una advertencia clara desde Washington: el autoritarismo va en aumento; la democracia liberal estaba bajo amenaza, y no está claro qué camino va a tomar EU

“Hoy pueden sentir que su tamaño les permite ir mano a mano con sus adversarios tradicionales y tener la garantía de ganar”, dijo, en reprimenda a la administración de Donald Trump. “Pero si la historia nos dice algo, es que el predominio de ninguna nación es eterno”. 

El discurso consolidó el estatus de Freeland como defensora enérgica e incansable del multilateralismo y del orden internacional basado en reglas en la época de Trump y de Vladimir Putin de Rusia

La semana antepasada, la experiodista regresó a Washington con un propósito más pragmático: llegar a un acuerdo con EU para salvar el TLCAN, el pacto que rige miles de millones de dólares en flujos comerciales en América del Norte

“Ella es una persona pequeña, con una energía increíble; quizás uno de los ministros más inteligentes que he conocido, además es intrépida”, dijo un funcionario canadiense que trabajó estrechamente con ella. “No tiene miedo, en ninguna circunstancia, de decir lo que piensa”. 

En agosto, esa cualidad metió en problemas a Freeland. Estalló una disputa diplomática entre Canadá y Arabia Saudita después de que ella pidió la liberación de Samar Badawi, un activista por los derechos de las mujeres. Riad, la cápital árabe, expulsó al embajador de Canadá, congeló nuevos acuerdos comerciales y suspendió un programa de intercambio de estudiantes. Freeland se mantuvo firme, diciendo que los derechos humanos siempre serían una prioridad. 

La tenacidad de Freeland se remonta a sus raíces en Peace River, Alberta, donde su padre era agricultor de canola, y su madre, una hija de inmigrantes ucranianos, era abogada y activista feminista. 

Asistió al United World College, en Italia, y después a la Universidad de Harvard, donde Lawrence Summers, el exsecretario del Tesoro de EU, se convirtió en su mentor.

“Ella me impresionó... con su seriedad, sus propósitos y madurez, incluso siendo muy joven”, dice Summers

Después de ganar una beca de Rhodes, Freeland entró en el periodismo, primero en Ucrania, después en Rusia, Canadá, Reino Unido y EU. Trabajó para Financial Times, The Globe and Mail y Thomson Reuters

Freeland se reinventó como una experta y, posteriormente, como una política. Su libro sobre el ascenso de los plutócratas y la desigualdad de ingresos llamó la atención de Justin Trudeau y a su Partido Liberal en Canadá. Ella compitió y obtuvo un escaño en el Parlamento en 2013. 

Cuando Trudeau asumió el control del gobierno dos años más tarde, se convirtió en ministra de Comercio y encabezó las negociaciones para un acuerdo comercial con la Unión Europea. Después de que la oposición del gobierno regional de Valonia, en Bélgica, casi descarrila el acuerdo, Freeland abandonó las negociaciones. Fue duramente criticada por los legisladores de la oposición, pero se defendió y dijo: “Estoy totalmente a favor de Canadá cuando llego a la mesa de negociaciones. Estaba decepcionada y triste, pero también soy dura y fuerte”. 

En 2017, la nombraron ministra de Relaciones Exteriores, pero mantuvo la cartera del TLCAN. Los líderes conservadores de la oposición dicen que sus críticas al trumpismo tal vez funcionaron bien con el “electorado liberal” y “el consenso de Davos”, pero perjudicaron a Canadá. A Rusia le molestó tanto Freeland, que se encuentra en una lista de 12 canadienses a los que se les prohibió ingresar al país. 

“Tengo un gran respeto por Chrystia, y sé que ella trabaja duro, pero no lo hace de manera inteligente”, dice Erin O’Toole, diputado del partido conservador y portavoz de política exterior. “Nuestras relaciones con otros países no son una serie de salones; su enfoque con ellos ha sido como el de un club de lectura. Nunca había visto tantos países molestos con Canadá”. 

Como diplomática, Freeland tiene un estilo informal. Cuando los ministros de Relaciones Exteriores del G7 fueron a Toronto este año, los invitó a comer waffles en su casa con sus tres hijos y después fue en su bicicleta a la cumbre. Cuando llegó al aeropuerto de Dulles, en Washington, para las conversaciones del TLCAN, vestía una camiseta y pants, se formó en la fila con todos los demás, lo que llevó a un desconcertado oficial de inmigración a preguntar si ella era realmente la ministra de Asuntos Exteriores de Canadá

Ese don de gente, junto con su elevada retórica, le sugiere a algunos que ella tiene mayores ambiciones. Sus admiradores responden que su decidida defensa de la democracia y sus valores occidentales tienen sus raíces en sus primeras experiencias y herencia ucraniana

Pero todo podría ser en vano si Freeland no logra un acuerdo del TLCAN que sea bueno para Canadá. “Ella lleva el archivo grande. Los canadienses están muy preocupados acerca de hacia dónde se dirige el Tratado y sé perfectamente que (ella) es el mariscal de campo”, dijo un funcionario canadiense.



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