Con todo el corazón mexicano

Echó a andar su proyecto en alianza con la Secretaría de Desarrollo Social, para recobrar la confianza de jóvenes en situación de calle y reintegrarlos a la sociedad.
Alejandro Souza/Pixza

Milenio Digital

Disfrazada como pizzería y cocinando la primera y única pizza de maíz azul del mundo, con productos cien por ciento mexicanos, nació Pixza, “una plataforma de empoderamiento social y reinserción productiva para chavos en situación de calle”, afirma Alejandro Souza, su fundador y Director General. “Son jóvenes de 17 a 25 años de edad, en condiciones de calle, abandono familiar, con historial criminal y rezago educativo”.

¿Cómo funciona? Por cada cinco rebanadas de pizza que venden, la sexta es para el albergue. Ahí se llevan, una vez a la semana, las rebanadas acumuladas. Al recibir una quinta rebanada, los chavos pueden comprometerse a hacer un voluntariado.

“A la décima, avanzan para hacer un segundo voluntariado y recibir un proceso de re-humanización: diagnóstico médico, corte de cabello, baño, curso de habilidades de vida y, finalmente, una oferta formal de empleo dentro de la pizzería o en alguna empresa aliada. Se saca un nuevo sabor de pizza y las ventas de un mes se les entregan para fondear su vida independiente”.

La historia de Pixza empezó en Nueva York, ahí Alejandro estudiaba una maestría. Comía con unos amigos mexicanos y les entró la nostalgia por el huarache. Alejandro se preguntó por qué a nadie se la había ocurrido hacer una pizza de maíz. Más tarde, para un trabajo de maestría, siguió a un sujeto en situación de calle. Al regresar a México unió ambas cosas. Durante 3 años maduró su proyecto.

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“El primer reto, confiesa, fue crear la pizza pues la masa carece de elasticidad. Superado el problema, investigó los guisos. Quería poner todo el corazón mexicano de la garnacha en una pizza”.

“Con 40 opciones, ingredientes y una cámara se fue a Cuernavaca en busca de la nana Chayito, personaje que le ayudó a cocinarlos. El 29 de junio de 2015 empezó a operar Pixza”.

Al inicio, se alió con la Secretaría de Desarrollo Social para tener acceso a la red de albergues y estructurar la operación del programa.

Pixza fue certificada como empresa B en 2017. “Esto le permite avalar lo que está haciendo y mejorar sus prácticas.

“Representa la oportunidad de pertenecer a un movimiento de prosperidad donde todos dan y todos reciben. Fortalecer un compromiso de operar la empresa en forma sostenible y utilizar el poder del mercado para contribuir a la solución de problemáticas sociales”.

Actualmente cuenta con dos restaurantes. Se han graduado a 25 jóvenes y llevan 50 horas de coaching. Han sido postulados para algunos premios y quedó como finalista de Creator Awards de We work.

El objetivo inmediato es tener más sucursales y posicionar la marca. Más adelante Alejandro planea crear, un instituto “que reclute y capacite a más chavos. Un bootcamp que funcione como un outsourcing de recursos humanos para restaurantes”. Mientras tanto el corazón mexicano de la garnacha en una pizza alimenta los sueños de jóvenes en situación de calle.

REPL

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