El arte de convertir el vino en joyas

El vino no sólo se bebe, también se puede usar de collar; la creatividad de Norma Monteverde lo demuestra.
Norma Monteverde

Milenio Digital

Cuando era niña, Norma Monteverde hacía sus propias joyas; siempre le gustó crear accesorios, pero no fue hasta que conoció el Valle de Guadalupe y sus viñedos que convirtió aquel hobby de la infancia en un proyecto de vida.

“Yo estudié Comercio Internacional, vivía en Mexicali y viajaba mucho por trabajo a la Ruta del Vino. Siempre me identifiqué con la tranquilidad de Ensenada. Además, me encanta el vino, así que busqué la forma de mudarme”.

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Norma se dio cuenta que, como ella, cientos de turistas llegaban a Baja California por amor al vino, y “todos querían llevarse un recuerdo”. Así que hace 12 años tuvo la idea de crear joyas inspiradas en el vino. Registró su marca: Norma Monteverde Joyería de Diseñador e hizo una colección de 100 piezas que se vendieron en la primera Fiesta de Vendimia a la que asistió.

“Empecé este negocio sola. Al inicio no tenía idea de cómo hacer una uva, pero diseñaba diario, desde las 6 de la mañana hasta la media noche; me dolía la espalda de tanto trabajar, sólo salía de mi casa para vender”, expresa la emprendedora.

Sus joyas tuvieron tanto éxito que de repente 20 vinícolas vendían sus diseños. Norma no se daba abasto, así que sus papás se fueron a vivir de Mexicali a Ensenada para ayudarle a producir sus piezas.

Es un negocio familiar, somos cinco produciendo más de mil piezas al mes. Nuestro taller está en el centro de Ensenada. Los diseños yo los hago y, antes de venderlos, los registramos. Usamos cuarzo, Swarovski, oro laminado y chapa de oro”, cuenta.

Recientemente han trabajado diseños exclusivos para la Vinícola Adobe y para Encuentro Guadalupe. La empresa tiene puntos de venta en Los Cabos, Monterrey y Guadalajara.

“Mucha gente viene de fuera y compra para vender. Una pastora boricua vino a presentar su libro a Ensenada y compró todo en un día para poner una tienda en Puerto Rico; le mandamos joyería por mes”.

Para Norma, el crecimiento de la empresa llegó cuando tenían más demanda de lo que producían y tuvieron la solvencia para trabajar con materiales de alta calidad que podían vender a precios más caros.

“Entre la familia podemos producir mil 500 piezas al mes y por ahora queremos quedarnos así para mantener la calidad, las ediciones limitadas y la identidad de los diseños”.

Norma no duda en compartir que el secreto del éxito está en la constancia y en trabajar en lo que te guste.

“A mí me ha funcionado ser muy administrada; es básico tener claro los ingresos del negocio y respetar lo que es para invertir y lo que es para nosotros”, finaliza.

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