Hacer vino como un estilo de vida

La Vinícola Retorno ha logrado posicionar tres etiquetas de vino distintas y distribuir en tiendas como Liverpool y La Europea.
Adrián García Fernández/ Vinícola Retorno

Milenio Digital

Adrián García quería ser chef, pero al terminar la carrera de gastronomía descubrió que más que la comida, lo que le interesaba era la enología. En el 2004 se graduó y un año después ganó la beca Raymond Turquois para hacer una estancia de 4 meses como sommelier en el Hotel de París, en Mónaco.

De regreso a la Ciudad de México y por azares del destino, Adrián terminó trabajando como reportero en un periódico nacional, donde tuvo la oportunidad de viajar y especializarse durante año y medio en temas relacionados con la vitivinicultura.

“Cuando conocí Valle de Guadalupe me prendió una fibra muy sensible, me fascinó el pueblo y después de una vendimia de L.A. Cetto decidí dejar mi vida y mi trabajo en Ciudad de México y en el 2008 me vine a estudiar Enología a la Universidad de Baja California”.

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Adrián tuvo la suerte de ser practicante en La Escuelita con el enólogo suizo Thomas Egli, y a la par iniciar la fabricación de sus primeras 900 botellas de zinfandel. La falta de palabra que padeció de sus primeros proveedores que le quedaron mal y que por poco lo hicieron abandonar la producción, lo inspiraron a bautizar su vino como: Palabra.

“Fue un vino que se vendió rapidísimo y ganó medalla de plata en un concurso organizado por la Universidad. Mis papás se entusiasmaron tanto con el proyecto que le invirtieron dinero; a partir de ahí se convirtió en un negocio familiar”, cuenta Adrián.

Empezaron en la cava de un amigo en el 2008 a cambio de una renta anual y el uso de su equipo, pero dos años después ya tenían cerca de 40 barricas y el espacio era insuficiente. A pocos meses de la vendimia decidieron construir su propia vinícola en la parte trasera de su casa en San Antonio de las Minas, Ensenada.

“Es una vinícola pequeña, ahí hacemos todo, desde el despalillado hasta el embotellado. Está hechas de pacas de paja y lodo para respetar el paisaje, es un ambiente muy natural”.

Llamaron a la vinícola Retorno en honor a su homónimo vino insignia, la tercera etiqueta de la casa después de Palabra y Piluchas.

“Nuestra filosofía es no meterle químicos al vino. Para nosotros Retorno tiene mucho que ver con el regreso involuntario al origen, a trabajar la tierra para subsistir; además visualmente me atraía mucho la señalética, así que la flecha de regreso se convirtió en la etiqueta del vino”.

Además de vender su vino en Baja California, tienen puntos de venta en tiendas de la Ciudad de México como Enology, Bacus y La Europea, así como en 10 tiendas Liverpool y en La Contra, que distribuye en Querétaro y Tijuana.

“Queremos sacar el vino hacia California, es un mercado que está muy interesado en el producto de aquí, en la vinícola; recibimos un 80 por ciento de visitantes de California”.

Para Adrián, la vitivinicultura es un negocio apasionante, lleno de convivencia, familia, amigos y carnes asadas. “Después de 10 años puedo afirmar que es un proyecto a largo plazo que se convierte en un estilo de vida”.

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