1968, Oriana Fallaci (I)

Ciudad de México /
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Roma. A mediados de septiembre salió a la luz, de manera póstuma, el libro de Oriana Fallaci, 1968, Dal Vietnam al Messico. Diario di un anno cruciale, de la editorial Rizzoli.

La controvertida periodista italiana, fallecida en 2006, anteriormente publicó algunos recuerdos sobre la matanza de Tlatelolco, donde resultó herida, y sobre otros acontecimientos cruciales ocurridos en 1968, como la guerra de Vietnam, la revolución cultural de Mao y los asesinatos de Martin Luther King y de Robert Kennedy.

Sin embargo, por primera vez se publican reunidos en un volumen textos íntegros, algunos inéditos, sobre el 2 de octubre, divididos en tres capítulos.

Por razones de espacio, en esta entrega comentamos uno de los tres capítulos, los otros dos, en la próxima.

El primero se titula “La noche de sangre en la que fui herida”. Como no podía escribir a máquina, Oriana narró la crónica verbalmente. Se trata de la transcripción de la cinta grabada, durante dos horas y media, en una cama del Hospital Rubén Leñero, donde se encontraba convaleciente, y que envió al director de su revista, L’Europeo.

Inició su testimonio diciendo que se siente mal, con la cabeza confusa. Sin embargo, con lucidez expuso una idea central sobre la experiencia de Tlatelolco, en comparación con la que tuvo de Vietnam: en una guerra la gente armada dispara contra gente armada; en cambio, en una matanza los soldados matan a gente inerme y no pasa nada.

Situada en el balcón del tercer piso del edificio Chihuahua, donde se encontraban los líderes estudiantiles con altoparlantes, la periodista vio la masacre.

En México el común de la prensa, radio y televisión callaban las voces de los estudiantes. El gobierno reprimía la libertad de expresión. No se supo y hasta ahora no se sabe, exactamente, cuántas personas murieron.

A pesar del dolor y de la impresión, Fallaci, periodista profesional, grabó su testimonio sobre la tragedia que acabó con el movimiento estudiantil, pero no con la lucha por la democracia.

En tono desgarrador, cuenta cómo durante dos minutos se quedó pasmada al oír los disparos, ver correr a personas en la plaza, ¡pum!, daban una maroma por el impacto y ¡pum!, caían al suelo, como liebres en una cacería, mientras escuchaba al líder estudiantil Sócrates Amado Campos Lemus pedir calma a los asistentes, sin atinar a comprender cómo se puede estar calmado cuando te disparan y te matan.

Luego describe cómo unos 50 militares del Batallón Olimpia vestidos de civil, que portaban un guante blanco en la mano izquierda para reconocerse entre sí, subieron al tercer piso y de pronto un policía tomó a Oriana de sus largos cabellos y la arrojó contra la pared, agresión que le recordó la caricatura del hombre de las cavernas arrastrando a la mujer por los pelos.

Luego de recuperarse del golpe en la cabeza, encontró a su lado a un estudiante que trataba de protegerla y que en la grabación solo identifica como Manuel, alumno del Conservatorio Nacional de Música, miembro del Consejo Nacional de Huelga, mientras que los otros líderes habían desaparecido.

Otro agente con guante blanco le gritaba a Fallaci que estaba detenida, mientras apuntaba su pistola a la cabeza. La periodista exclamaba: “Yo, italiana”.

Fallaci decía que en ese momento su amigo el joven Manuel la tranquilizaba al decir que el amedrentamiento solo era para ejercer presión psicológica.

También estaba confiada por el hecho de haber entrevistado un día antes al general Luis Cueto Martínez, jefe de la policía, de quien los estudiantes demandaban su cese.

Recordó que Cueto la recibió en su elegante oficina y se entretuvo largo tiempo hablando de sus vinos italianos favoritos, que le gustaba más el Bardolino que el Chianti, y de un restaurante en Nueva York llamado Mamma Roma o Mamma Maria, algo así.

Fallaci le preguntó por qué la policía atacaba a los estudiantes y Cueto tranquilamente le contestó: “Pero no, no pasa nada, mentira, mentira”. La periodista se sentía segura porque Cueto le había dicho que en la anterior manifestación al 2 de octubre en Tlatelolco nada había pasado, lo cual era cierto.

Sin embargo, la cronista continúa narrando los disparos provenientes del helicóptero y de las tanquetas que dirigían al muro del tercer piso, donde se encontraban expuestos a la metralla, mientras que los policías del guante blanco, debidamente resguardados, disparaban al piso cuando ella trataba de salir de esa trampa. “Era peor que en Vietnam”, recordó Oriana.

“Manuel trataba de protegerme”, dijo Fallaci, “me ponía sus manos sobre la cabeza tendidos en el suelo” bajo una lluvia de balas.

En este texto, la autora no agregó sus apellidos, pero se trata de Manuel Gómez Muñoz, a quien después, al parecer injustamente, acusó en su libro Nada y así sea de haberla denunciado como agitadora y comunista ante la policía mexicana. Asunto que trataremos de dilucidar el próximo sábado en Sin Ataduras.

Posdata

Para recordar a René Avilés Fabila, fallecido hace un año, el Instituto Nacional de Bellas Artes organiza un acto conmemorativo el próximo 10 de octubre, a las 19:00 horas, en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.

Participan Óscar de la Borbolla, Jairo Calixto, María Luisa La China Mendoza y Miguel Sabido. Entrada libre.

@AGutierrezCanet

gutierrez.canet@milenio.com

  • Agustín Gutiérrez Canet
  • gutierrez.canet@milenio.com
  • Periodista y Embajador de México en retiro. Licenciado en comunicación (U. Iberoamericana). Diplomático de carrera, representó a México como embajador en Rumania (2013-2016), en Finlandia, concurrente en Estonia (2008-2013) y en Irlanda (1995-1996). Fue cónsul general en Hong Kong y en Macao (1991-1995), ministro y jefe de cancillería en España (1989-1991), consejero en Italia (1985-1986) y representante alterno ante la FAO en Roma (1986-1987). En la Secretaría de Relaciones Exteriores fue director general de Comunicación Social (1982- 1985) y subdirector general de Prensa Extranjera (1980-1982). De 2003 a 2005 fue coordinador de Información Internacional en la Presidencia de la República y director del Departamento de Estudios Internacionales de la Universidad Iberoamericana (1998-2002). / Escribe todos los jueves su columna Sin ataduras
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