Sin ataduras

Groenlandia: traición diplomática

Agustín Gutiérrez Canet

Groenlandia, la isla más grande del mundo, es foco de la atención mundial por la absurda pretensión del presidente Donald Trump de comprarla, como si fuera un terreno de Manhattan y no una nación soberana del reino de Dinamarca.

La negativa del gobierno danés no se hizo esperar: Groenlandia no se vende. Con toda razón, la primera ministra Mette Frederiksen calificó de "absurda" la propuesta de Trump quien, molesto por la negativa, decidió cancelar su visita a Copenhague.

Groenlandia es rica en recursos minerales, tiene el agua y el hielo más puros, reservas de pescado y marisco, energía renovable y debido al creciente deshielo, por sus costas se abrirá una nueva ruta mundial de navegación entre Asia, Europa y América.

Hace cinco años, me tocó presenciar en el fiordo de Ilulissat, al norte de la capital groenlandesa, un espectáculo aterrador: el glaciar se fractura en masas gigantescas de hielo y se escucha un seco ruido estruendoso, en medio del silencio del ártico, al caer al mar.

Aquí está la fábrica de icebergs más grande del planeta, aquí inician su lento tránsito e irreversible disolución, al flotar a la deriva en el océano Atlántico.

Esta no es la primera vez que Estados Unidos busca expandir su presencia en Groenlandia.

El historiador Bo Lidegaard, en su libro A short history of Denmark in the 20th Century, cuenta que en 1940 Estados Unidos negoció en secreto un acuerdo para instalar bases militares en Groenlandia, de valor estratégico, para evitar que la ocupación alemana de Dinamarca se extendiera a la isla.

Para ello, Estados Unidos aplicó en Groenlandia, que forma parte de América, la Doctrina Monroe de 1823 que rechaza la transferencia de soberanía en posesiones en el continente americano de un país europeo a otro, en este caso de Dinamarca a Alemania.

El embajador danés en Washington, Henrik Kauffmann, negoció en secreto y sin el conocimiento ni la autorización de su gobierno un “Acuerdo para la defensa de Groenlandia”, dando a Estados Unidos ilimitado acceso militar a la isla danesa.

El 9 de abril de 1941, el acuerdo fue firmado por el secretario de Estado, Cordel Hull, y por el mismo Kauffmann, y ese mismo día se hizo público.

Causó un gran escándalo en todo el gobierno danés el inesperado telegrama de Kauffmann informando a Copenhague que había negociado secretamente y firmado el acuerdo “como libre representante de la soberanía danesa”.

El ministro de Asuntos Exteriores, Erik Scavenius, declaró que Kauffmann usurpó sus funciones, por lo tanto, su firma no era válida y el acuerdo era nulo. Fue cesado, acusado de traición y sus propiedades en Dinamarca requisadas. Sin embargo, la actual base aérea estadunidense de Thule continúa desde entonces.

En cambio, Estados Unidos reconoció los servicios de Kauffman. Fue declarado “representante independiente de la Dinamarca Libre” y le fue permitido el acceso a los bienes daneses en Estados Unidos, congelados por el gobierno estadounidense con motivo de la ocupación alemana, y también a las reservas de oro del Banco Nacional de Dinamarca, depositadas para su resguardo seguro en EU a fines de 1939.

Así fue la traición del diplomático danés, quien practicó una “política exterior privada”, como la denominó Lidegaard, en contra de la soberanía de su propio país.

OPINIONES MÁS VISTAS