Sin ataduras

¿México, productor legal de heroína?

Agustín Gutiérrez Canet

Hoy continuamos abordando la experiencia turca sobre la producción legal de heroína y presentamos algunas propuestas para el caso de México.

Decíamos que la autoridad responsable es la empresa paraestatal Junta de Granos de Turquía (TMO), que determina las superficies donde se planta la amapola, los agricultores a los que se da licencia de cultivo y fija los precios, a partir de un análisis de las condiciones agrícolas, las expectativas de exportación, así como de la capacidad de producción del laboratorio gubernamental.

Los agricultores no deben tener antecedentes penales y no se les permite cultivar amapola en más de tres parcelas separadas, para facilitar el control.

Después de la cosecha, la TMO es el único comprador de las cápsulas o bulbos de amapola. En el proceso de compra se compara la licencia de cultivo expedida con el reporte del agricultor y se verifica que las cápsulas no tengan incisiones para probar que no ha sido extraída la goma de opio con fines ilegales.

Las cápsulas son trasladadas al único laboratorio de producción de alcaloides, perteneciente a la TMO, para su procesamiento y comercialización.

El laboratorio es el más grande en el mundo, con capacidad para procesar 20 mil toneladas de cápsulas de adormidera y 22 mil toneladas de semillas de amapola al año.

El 95 por ciento de su producción es destinada a la exportación. Suministra alrededor de 30 por ciento del mercado internacional con valor anual aproximado de 60 millones de dólares.

El cultivo de la amapola en el territorio de la actual Turquía se remonta al 3 mil A.C., por lo que este país, junto con la India, es reconocido como “cultivador tradicional” de la planta.

En 1933, Turquía se adhirió a las Convenciones de La Haya (1912) y Ginebra (1925), así como la de Limitación (1931), que someten las exportaciones de opio bajo estricto control.

La DEA estadunidense estableció en 1981 una directiva, que sigue en vigor que del total de requerimientos del país de narcóticos sin procesar, 80 por ciento debe provenir de países productores “tradicionales”, como India y Turquía, y el resto de Francia, Polonia, Hungría, Australia y Yugoslavia (hoy en día sustituida por España).

En este contexto, si queremos ser exportadores legales de heroína al mercado estadunidense, México tendría que negociar con su vecino del norte un acuerdo que permita ser proveedor legal de heroína y cumplir con las condiciones de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) de la ONU.

Sin cumplir con el marco legal de las Naciones Unidas ni con la normatividad de Washington, sería imposible adoptar en México un modelo semejante al turco.

Los principales motivos para legalizar la heroína son disminuir la criminalidad y la violencia, y reducir el gigantesco margen de ganancia de los narcotraficantes, al bajar el precio de la droga en un mercado legal.

El reto se agrava por el extendido cultivo ilegal de amapola en México. Para darse una idea, en 2017, según la DEA, en nuestro país fueron sembradas 44 mil hectáreas, mientras que en el conjunto de los países exportadores de opioides legales fueron 11 mil hectáreas, de acuerdo con la JIFE.

En México tenemos la paradoja de importar morfina para los hospitales y al mismo tiempo producirla. Pero, como bien señala el doctor Juan Ramón de la Fuente, propuesto embajador ante la ONU, son causas distintas.

Sería altamente riesgoso implementar la legalización de la producción de heroína si no podemos establecer un estricto control gubernamental que haga respetar tanto las normas de la misma legalización como del tráfico ilegal.

Correríamos el riesgo de tener lo peor de dos mundos posibles: una producción legal, débil e ineficiente del gobierno, por un lado, y una producción ilegal, poderosa y sin control, por el otro.

Por ello, sugerimos que la producción legal de heroína en México para el consumo interno debería empezar de manera tentativa con un pequeño modelo de prueba, bajo las siguientes acciones:

1. Adoptar medidas paulatinas y verificables, en consulta con las partes involucradas, desde los campesinos hasta los médicos, desde las fuerzas armadas a los servidores públicos, los especialistas y los funcionarios internacionales.

2. Delimitar el cultivo de amapola en una pequeña área relativamente fácil de controlar.

3. Crear un laboratorio moderno de producción de opiáceos.

4. Vigilar la producción, distribución, venta y consumo, bajo la supervisión de una unidad paraestatal integrada por las autoridades de Agricultura, Defensa, Marina, Seguridad Pública, Salud, Hacienda, así como la PGR y el SAT.

5. Cobrar impuestos, similares al del tabaco o el alcohol.

6. Medir resultados por cada ciclo, desde la cosecha de amapola hasta el destino final en los hospitales nacionales.

Si el experimento del nuevo modelo mexicano funciona, es decir, un monopolio estatal de producción legal de opiáceos que cubra al mercado nacional, luego se podría explorar la posibilidad de exportar legalmente la heroína, siempre y cuando genere la confianza de la ONU y de Estados Unidos.

Pero antes que emprender cualquier experimento de legalización es indispensable mejorar la capacidad de las fuerzas de seguridad en el combate al crimen organizado y controlar la corrupción.

Twitter: @AGutierrezCanet


gutierrez.canet@milenio.com

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