Manchón Penal

Nacionalismo barato

Alberto Romero Rodríguez

“Estamos en disposición de llegar lejos, pero debemos conjurar ese espíritu de equipo. Alemania posee grandes talentos y futbolistas fantásticos con una calidad excelente, pero hay que sacarla a relucir en la cancha en el momento oportuno”, Miroslav Klose – máximo artillero de las Copas Mundiales con 16 goles. Participó en cuatro Copas Mundiales siendo Campeón del Mundo en Brasil 2014, Subcampeón en Corea y Japón 2002, y logró dos terceros lugares en Alemania 20016 y Sudáfrica 2010.

En 1987 comenzaba una frenética reconstrucción de la República Federal Alemana con el propósito de enterrar las huellas del pasado nazi que dejaba un repudio ante la incipiente llegada de la comunidad turca y polaca a las fronteras de la vieja Alemania, en busca de mayores oportunidades.

En ese entonces, la oleada migratoria era inminente, provocando cambios profundos en la sociedad en todos los aspectos, dando como resultado que los alemanes de origen redoblarán esfuerzos para competir y conseguir los mejores puestos en el deporte y en sus diversas profesiones en general. 

Por esos años, un joven nacido en la localidad polaca de Oppeln, llegaría junto con sus padres a Alemania a la edad de ocho años. Josef, padre de aquel pequeño había sido futbolista en el Odra Opole de Polonia, y había pertenecido al AJ Auxerre francés, al que ayudó a ascender a la Ligue 1. Con tales antecedentes familiares, la carrera deportiva de aquel pequeño presagiaba un futuro prometedor, su nombre: Miroslav Klose.

Pero este no sería el único caso. Lukas Podolski, compañero de Klose años más tarde, también contaba con raíces polacas. Juntos convirtieron de Alemania en una selección de prestigio internacional y no solo eso, sino que provocaron un fenómeno en los jugadores alemanes de nacimiento, para ganarse un puesto por encima de las múltiples opciones que amenazaban con quitarles una oportunidad, que para muchos era una puñalada a un falso nacionalismo que poco a poco, se veía desquebrajado y falto de identidad.

Es importante mencionar que hoy en día un 3.7 por ciento de la población del país es de origen musulmán y existen cerca de 3 millones de ciudadanos de origen turco y polaco nacionalizados, según datos de la oficina federal de estadística de este país.

A más de 30 años de ese cambio radical en esta poderosa nación, observamos un fenómeno en México donde nos desgarramos las vestiduras con tan sólo considerar a posibles jugadores nacionalizados con declaraciones como las del ex entrenador Manuel Lapuente, las cuales cito a continuación:

“Que haga una selección de sus paisanos y se acabó, para qué ir y acabamos con el cuento. A mí ya saben que no me parece. Hay jugadores y más en este momento una camada muy fuerte, unos que están en Europa y otros aquí, que no hay necesidad, pero en fin cada quién".

En la historia del futbol mexicano, la única constante que tenemos hoy en día es la del famoso obstáculo del quinto partido. Una línea incipiente y obsesiva que ha impedido un avance de nuestro futbol y que vemos de manera frustrante cada cuatro años. Por esa línea han pasado grandes entrenadores, los mejores en su momento como Nacho Trelles, Miguel Mejía Barón, el mismo Manuel Lapuente, Javier Aguirre y hasta entrenadores extranjeros de la talla de Bora Milutinović, Ricardo Lavolpe y el más reciente Juan Carlos Osorio.

Todos ellos fracasaron ante el objetivo principal. Con este resultado tampoco quiero dar a entender que la solución hubiera sido llamar a once nacionalizados y con ello la historia sería diferente, de ninguna manera; sin embargo, es preocupante la falta de mentalidad y el miedo que tenemos a la exigencia, a la competencia, a salir de nuestra zona de confort, sea tan notoria hasta nuestros días.

La Alemania de la época postmoderna puede dejarnos grandes aprendizajes en ese sentido, y no hablo de las decisiones de ir a buscar hombres como Podolski, Klose, Özil, Gündogan y muchos más, todos ellos naturalizados años más tarde, hablo de dejarnos de escandalizar ante la idea de que ocurra algo similar en nuestra selección como en su momento ocurrió en la selección teutona. 

Talento en México existe, como el de Henry Martín, Lainez, Gudiño, Mier, Salcedo, Moreno y muchos más, pero en la mayoría de las ocasiones se ve estancado y resulta temeroso de perder su lugar que casi casi le corresponde por nacimiento. 

Dejémonos de envolver en la bandera del patriotismo y el ego, y mejor ocupémonos por prepararnos y por desarrollar un siguiente nivel de mentalidad en esos nuevos talentos, para que sin importar a quien tengan enfrente puedan destacar en México y en cualquier parte del mundo, o simplemente dar paso a un mejor talento, venga de donde venga, al fin y cabo el nacionalizado es también mexicano y tiene las mismas obligaciones y derechos que cualquier otro mexicano. 

Dejemos atrás a los retrogradas que tuvieron en su momento la oportunidad de tomar mejores decisiones, y que hoy sólo pueden vivir en la critica y el menosprecio de quienes hoy tienen la oportunidad de cambiar las cosas. Eso sí, debemos elevar nuestros estándares de calidad, para dar cabida al nacionalizado que verdaderamente merezca una oportunidad ganada a pulso, no sólo por demostrar ser mejor que cualquier otro, sino por que su capacidad y talento le lleve a aportar y pueda defender como nadie los colores de México. Eso para mí debería ser más importante y no nuestra burda idea de nacionalismo barato, para ellos en especial les dejo este video: https://www.youtube.com/watch?v=YBU2-qmIYCc 


Hasta la próxima…


Twitter: @AlbertoRomeroMP

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