Columna de Alejandro Cortés González-Báez

Mi papá es todo un adolescente

Alejandro Cortés González-Báez

José Benigno Freire afirma que el modelo de vida en la actualidad es el de los adolescentes, de forma que tanto los niños como los mayores suelen o desearían seguir los patrones de los jóvenes.

Aunque lo arriba dicho no puede universalizarse, considero que arroja luz sobre las causas del comportamiento de algunos adultos. Por eso resulta frecuente ver a señores canosos, calvos y barrigones practicando deportes y diversiones de muchachos, quizás pretendiendo llenar un hueco de felicidad o experiencia cavado desde sus años mozos.

De igual forma hay algunas señoras entradas en años que se entusiasman con el noviazgo de la hija, como si las estuvieran cortejando a ellas, y regresan a vivir en aquel mundo de fantasía donde habitaban cuando eran quinceañeras.

Las personas mayores hemos de conocer y aceptar nuestra propia realidad, pues de no ser así estaríamos desubicados, y para ello es imprescindible aceptar las limitaciones individuales, como también aquéllas con las que nos castiga la edad. Sabiendo, además, que competir por vanidad nos pone en peligro, tanto en lo físico como en la pérdida del respeto de los demás.

Muchos adultos tenemos derecho a disfrutar del rock, no porque queramos estar a la moda, sino simplemente porque el rock es tan viejo como nosotros. También es cierto que en algunos casos podemos demostrarles a los jóvenes que podemos manejar vehículos y practicar los deportes igual o mejor que ellos, lo cual nos permite conservar el alma joven y el buen humor.

La cimentación de la madurez se basa en los principios morales objetivos. Estos principios dan la fortaleza necesaria para que la persona no se derrumbe ante las crisis. Encima de ellos estará el conocimiento de las propias cualidades y defectos, posibilidades y limitaciones, como también de las circunstancias que nos rodean. El resto lo deberá hacer el ejercicio de virtudes tan importantes como la prudencia y la humildad. También es cierto que cada edad exige una madurez distinta.

Así como los árboles requieren de madurez para dar frutos abundantes, siempre es bueno escuchar el consejo de aquellos que se atreven a decirnos nuestras verdades.


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