Columna de Alejandro González

¿Economía o ecología?: el dilema de usar "fracking" en NL

Alejandro González

Con los reportes de recientes temblores y el hallazgo de aguas contaminadas con metales en Los Ramones, vuelve el fantasma de la extracción de gas y petróleo usando la técnica del fracking o de fractura hidráulica.

Es bien sabido, amigo lector, que el presidente López Obrador no apoya la extracción usando este método, lo ha dicho y lo ha repetido, pero misteriosamente se otorgó un presupuesto para que Pemex realice trabajos que requieren de esa técnica.

En el presupuesto de 2019 a Pemex se le asignaron seis mil 603 millones de pesos para la exploración y extracción de shale gas o gas de esquisito o de lutita en las cuencas de hidrocarburos de Sabinas, Burro Picachos, Burgos, Tampico-Misantla, Veracruz y Chihuahua, así como en el Proyecto Aceite Terciario del Golfo en Veracruz y Puebla.

El problema con todo esto es que la práctica del fracking es muy sucia, utiliza mucha agua y contamina con desperdicios y químicos a los mantos subterráneos de agua a su alrededor. Y el otro problema, nada menor, es la especulación financiera que ocasiona.

Para explicarlo, estimado lector, me voy a referir a un artículo publicado en el New York Times, por Ian Urbina, en junio de 2011, donde se detalla cómo desde el año 2008 en tiempos de George Bush, ante la amenaza de recesión, se cambiaron las normas sobre la forma de calcular el tamaño de los yacimientos de gas y la técnica de explotación, entonces las empresas reportaron cantidades mayores, consiguiendo dinero de inversionistas.

Para decirlo de manera simple, se desató una fiebre de gas en Texas; a los pobladores se les prometió dinero por derechos de extracción en sus tierras, empleos y gas barato.

La fiebre el gas generó enormes inversiones en la bolsa y ocasionó que muchas empresas se lanzaran a la aventura en Texas, así se logró una sobreexplotación y el precio del gas bajó.

Rápidamente descubrieron que los pozos de shale gas no duran 100 años, sino que cada perforación es útil cerca de unos cinco años, entonces comenzaron a hacer más y más perforaciones para mantener la producción proyectada, para mantenerla.

Todo esto ocasionó que las empresas chicas quebraran y las grandes las compraran; las fusiones son un buen negocio en Wall Street.

Al paso de unos años cerraron muchos pozos, quedó el agua subterránea contaminada y existe el peligro latente de los temblores en todo Texas porque la superficie subterránea quedó fracturada y poco estable.

Como bien lo ha documentado Debora Rogers, analista financiera, se creó la burbuja del Shell en el juego que se llama especulación, donde todos pueden jugar.

Las empresas especulan con los yacimientos y la producción, entonces consiguen más inversionistas. Los políticos especulan con los beneficios y la derrama que conllevan, consiguen votos.

Con la cantidad de agua que se necesita, el número de perforaciones de exploración, lo que se extrae no tiene un gran margen de ganancia, de manera que el truco es no parar de perforar, no detenerse en explorar y sacar un poco y decir que hay mucho más.

Recientemente la Alianza Mexicana Contra el Fracking asegura que el agua en Los Ramones que ello mandaron a analizar y que contienen metales pesados, se contaminó con los pozos de fracking Tagram 1 y Nerita 1, que se encuentran en los municipios de Ramones y China.

Está claro que AMLO no apoya el fracking, pero no está claro por qué Pemex tiene presupuesto para realizarlo, y con la historia perversa que hay detrás de la especulación con esta forma de extracción, preocupa mucho saber si para el gobierno será más importante la economía o el cuidado del ambiente, porque los empresarios ya se frotan las manos, el Clúster Energético en NL ya dijo que esperan el banderazo de salida, que ya hay tres megacompañías listas para entrarle… ¿economía o ecología?... usted, ¿qué opina?


alejandro.gonzalez@milenio.com

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