Fusilerías

Vampiros de Buenos Aires

Alfredo C. Villeda

Adorador del mito del vampiro, el fusilero ha hallado en sus lecturas pendientes un fascinante número de la revista Magazine Littéraire dedicado al tema con un capitulado que incluye antiguos lazos de sangre, Vlad Tepes El Empalador, leyendas de contagio, criaturas sensibles a la luz, evolución de la especie, un siglo de ultratumba, Drácula, las películas, los espejos y la literatura.

De Ovidio a Goethe, de Stoker a Rice, de Polanski a Ford Coppola, de Nosferatu a Crepúsculo, el vampiro ha tomado distintas formas y forjado variados empeños, pasando históricamente de demonio sediento de sangre a apuesto Casanova, de muerto viviente a cruzado, de príncipe de las tinieblas a estrella de rock. Catherine de Deneuve, Monica Bellucci, Aaliyah, Kirsten Dunst, Brad Pitt, Tom Cruise, David Bowie y el gran Bela Lugosi han sido el monstruo en cine.

Un texto destaca en este banquete de revista: “Borges mordido por Drácula”. Es una entrevista con el escritor argentino Pablo De Santis (Buenos Aires, 1963) en la que habla sobre su novela Los anticuarios (Planeta, 2010) y sus personajes, misteriosos eruditos como avatares contemporáneos del vampirismo, alrededor de Santiago Lebrón, un joven que acaba de periodista de forma circunstancial y descubre la existencia de una sociedad secreta.

“De Santis opera una reinvención melancólica del relato del vampiro, entre fantástica y simbólica, gótica y de contraespionaje, parábola filosófica y novela de amor”, resume la obra Juliette Einhorn, la entrevistadora.

—Las criaturas que llama “anticuarios” beben sangre de los otros, pero usted nunca emplea la palabra “vampiro”. ¿Por qué esta omisión deliberada?

—Cuando uno escribe o lee una historia, uno se divide entre la posibilidad de la repetición o la renovación. La palabra “vampiro” evoca los castillos, los crucifijos y los espejos, pero yo quise jugar a resetear las computadoras.

—Su libro se lee como una novela policiaca en la que los vampiros serían a la vez asesinos y víctimas…

—Creo que se hallan los ingredientes de la novela policiaca en mi texto, pero quizá más de novela negra que de suspenso. Son como dos bandas que se confrontan a muerte de forma continua. Es una suerte de combate épico pero no en grandes espacios, sino en viejos hoteles, calles oscuras y desérticas galerías de Buenos Aires.

“La literatura de género cuenta mucho para mí primero por la herencia argentina, con grandes autores como Borges, Bioy Casares, Silvina Ocampo y Julio Cortázar, todos proclives a la literatura de género más que al realismo. Por otro lado, mis padres tenían el hábito de contarme las películas en cuanto llegaban a casa y yo escuchaba fascinado las historias de Los pájaros de Hitchcock o El pájaro de las plumas de cristal de Dario Argento”.

De Santis evoca el reencuentro real con una mujer en un viejo vagón de la Línea A del Metro de Buenos Aires, a quien conoció por razones laborales tiempo atrás, salvo que ya había muerto. La “ilusión”, como llamó al episodio, duró solo un instante, pero ha sido total y es así que tuvo la idea de dotar a los anticuarios de la capacidad de convocar a los muertos. En las novelas y los filmes, dice el narrador, los fantasmas aparecen en la intimidad, pero en la realidad se les ve solamente entre la muchedumbre, las calles transitadas y las estaciones concurridas.

—Los seres mordidos por los anticuarios son devorados lentamente, la sangre pasando de un cuerpo a otro, como en una transfusión. ¿Es la metáfora de un lazo entre el pasado y el presente, entre los seres, de una transmisión necesaria y caótica? —pregunta la reportera.

—Totalmente —responde De Santis—. Es una suerte de muerte seguida de una resurrección. Cada historia cuenta la forma en que se encuentran pasado y presente. (…) Los relatos fantásticos nos cuentan cómo un fantasma o una antigua tradición, que se creía extinta, irrumpe en el presente. (…) Un crimen es un incidente singular mientras que la existencia de un fantasma, en tanto que está probada, tiene un valor universal. Eso significa que los fantasmas existen, han existido siempre.

El narrador argentino define: “El vampirismo tiene mucho que ver con dos deseos contradictorios: el primero está ligado a Tánatos, el deseo a la muerte, y el segundo es el de la posesión del otro. Esta ambigüedad ha permitido al mito conservar su encanto”.

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