Columna de Alma Delia Murillo

Lenguaje y futbol, el tedio de vivir

Alma Delia Murillo

“La vida no posee más que un encanto verdadero: el encanto del juego. Pero, ¿y si nos resulta indiferente ganar o perder?”
Charles Baudelaire

¿Por qué gritamos gol y no gola?
¿Por qué es el balón y no la balona?
¿Por qué decimos el futbol y no la futbola?
Ya. Calma. Estoy bromeando. Me atrevo a más: estoy siendo sarcástica con esta histeria corrigeplanas que ha venido a legalizar la intolerancia.
Este tribunal instantáneo que creamos entre todos y que llamamos redes sociales atestigua como nunca nuestra compulsión descalificadora. Por más que disfracemos de corrección política la pasarela de causas que hoy defendemos, cada vez vamos mostrando más el cobre: nos encanta destrozar a quienes se atreven a pensar diferente.
Si en estos tiempos aciagos la mayoría cree que lo correcto es masacrar el lenguaje con derivaciones femeninas y masculinas para todo sustantivo (y sustantiva), ay de quien se atreva a sugerir lo contrario. Si hoy la mayoría cree que un perro es un ser humano y por lo tanto merece los mismos derechos, pobre de aquel que contradiga el postulado.
Y aunque la causa en apariencia sea buena, la pulsión dictatorial es la que se impone, todos contra el que no se uniformea lo que la mayoría pensamos. Echen un ojo a los estudios del psicólogo social Solomon Asch, quien comprobó con su experimento de las Líneas de Conformidad que, interactuando en grupo, siempre elegiremos dar la respuesta de la mayoría aunque a todas luces esté equivocada, con tal de no ser rechazados por decir algo diferente.
Y en este país sobran ejemplos: hemos linchado a varios personajes públicos y han rodado cabezas en medios de comunicación porque la mayoría “nos ofendimos” por algo que dijeron, atentos aquí, ni siquiera por un acto, sino meramente por una declaración que no complace a esta jauría que ha descubierto el poder de sus millones de ataques desde la comodidad de un asiento y un eficiente WiFi que nos evita ponerle cara y cuerpo a las causas que tan temerariamente defendemos a través de una representación digital.
¿Somos capaces de ver la contradicción? ¿Hace sentido pregonar inclusión y tolerancia a punta de linchamientos y ninguneando a quien no se sume a lo que dictamos como moralmente aceptable?
No olvidemos que estar del lado de la mayoría no es tener la razón. Terribles episodios de la humanidad derivaron justamente de esa mayoría blindada con un escudo moral o religioso, con un escudo de “bondad”, de corrección política.
Ayer escuché a unas señoras decir que el futbol es “la porquería que es” por tratarse de un deporte de hombres: con sus reglas, sus protagonistas, sus empresarios, sus machos, su balón y su gol.
Me quedé pensando. Sí, el futbol a veces es una porquería y otras una gloria. Pero no creo que siendo un deporte de mujeres o donde los géneros tuviéramos igual participación sería la gloria total. La basurita del alma, como dice la espléndida poeta mexicana Julia Santibáñez, es inherente a nuestra especie. No es exclusiva de un género. Hacen falta dos gramos de lucidez para darse cuenta. Eso, o aceptar que a veces el tedio de vivir deja mucho tiempo libre para la búsqueda de culpables.
Twitter @AlmaDeliaMC

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