Columna de Alma Delia Murillo

Lenguaje y futbol, héroes caídos

Alma Delia Murillo

Los héroes nacen en la narrativa épica, cuando suceden las guerras, cuando la vida es un todo o nada que puede perderse en un segundo mientras se pelea una batalla determinante.

Y el futbol tiene eso, también otras competencias, también el arte; los seres humanos necesitamos cíclicamente un proceso que ponga a tope nuestras emociones. Y la cosa, compañeros, es que después de la adolescencia y cuando caminamos galopantes hacia la vejez, estos sacudidones emocionales solo pueden venir por un amor o enculamiento desgarrador (cada vez menos frecuentes) o por eventos exteriores tan disímbolos como una situación de sobrevivencia o el mismísimo Mundial. El cerebro tiene un solo hipotálamo y ahí gesta estas emociones que, aunque a la razón le parezca ridículo compararlas, en el proceso bioquímico son muy parecidas.

Basta ver los rostros que para nuestro deleite muestran en zoom las televisoras cuando la selección mexicana va ganando. O cuando va perdiendo.

Es hermoso ver el dolor que atraviesa la ceja derecha y derrumba la mejilla hasta jalar la comisura de los labios hacia la desolación profunda. Un poema trágico.

Resumiendo: que se siente de la chingada que un penal que no fue penal sea cobrado y nos clave una daga en el pecho con un gol de Suecia, ni qué decir de cuando el marcador ya sangraba con ese 3-0; las caras de quienes estaban en el estadio atestiguaban todas las pasiones del mundo y la expresión de la gente en la calle era un rosario como en ruta de la dolorosa.

Pero en las redes sociales el discurso era otro: a celebrar a Corea porque eso nos permite seguir jugando y venga la estampida de memes, mexicanos poniendo el temperamento en modo cantina y celebrando la derrota al más puro estilo José Alfredo Jiménez. Somos un pueblo fascinante, carajo. Nosotros debimos inventar los lamentos del muro, el cante jondo, el coro de la tragedia griega y el sabor agridulce.

Pero me detengo un momento a mirar a Alemania. Brutal tragedia que ni Sófocles, casi cuarenta años de superar la fase de grupos, luego de ser campeones en 2014, y esta vez perdieron a lo grande, con la estridencia de una ópera de Wagner, su paisano teutón, que se las gastaba maravillosamente para hacer retumbar el pecho con emociones titánicas.

Y no puedo dejar de mencionar a Maradona. Silencio y pudor. Tristeza ante el desplome inevitable y mientras veo que vomitan sobre él quienes alguna vez lo alabaron, confirmo que nuestra vocación trágica no es por lo que representan los héroes caídos sino por nuestro despiadado y narcisista rechazo a los ídolos cuando dejan de complacernos. Y tengo terror del México-Brasil porque todas las alabanzas que brotaron bajo las piedras para nuestra selección, quizá se conviertan en cánticos catastróficos. Ah, estos tiempos posmodernos, si como anunció Nietzsche: Dios ha muerto, ¿por qué no habrían de morir los héroes?

twitter@AlmaDeliaMC

OPINIONES MÁS VISTAS