El pozo de los deseos reprimidos

Crítica a lo nuevo de ‘Ingobernable’

Álvaro Cueva

Decepcionado. Me siento profundamente decepcionado de la temporada dos de la serie mexicana Ingobernable que se acaba de estrenar en Netflix.

¿Por qué? Porque todo lo que se construyó en la temporada uno de esta proyecto se vino abajo en este nuevo paquete de capítulos.

Ingobernable era un concepto importantísimo que hablaba de cosas que jamás se habían mostrado antes como las cárceles clandestinas a donde supuestamente van a parar los desaparecidos políticos.

Muchas personas sucumbieron a este título porque en un principio pensaron que iban a ver algo así como una parodia de Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera.

Pero la verdad es que Ingobernable era algo superior que llegaba a acusar a los mismísimos Estados Unidos de muchas de nuestras peores tragedias.

Yo no sé si los directivos de Netflix se asustaron, si los realizadores de Argos se distrajeron con el proceso electoral o si hubo algún tipo de protesta por parte de las autoridades.

Pero esto no solo es contradictorio, acaba por mandar un mensaje totalmente opuesto al de la propuesta original.

Emilia Urquiza (Kate del Castillo) pasó de ser un personaje fascinante a una Lola la Trailera más del montón que un día pelea por una cosa y al siguiente por otra hasta llegar a uno de los peores finales de temporada de toda la historia de las series en México.

Ni pierda su tiempo con esta porquería sin pies ni cabeza, donde hay capítulos que se burlan de la inteligencia del público en una suerte como de telenovela chafa con aspiraciones intelectuales.

No se necesita tener doctorado en cine para detectar que los responsables de este mazacote de incongruencias, al no saber qué hacer ni con la historia, ni con los personajes ni con los cambios de reparto, se fueron sacando de la manga hasta viajes en el tiempo para rellenar la temporada.

No hay un solo personaje en la nueva temporada de Ingobernable que no se traicione y la producción está tan descuidada que en contraste con lo que vimos el año pasado, aquí sí se nota mucho que más de la mitad de la serie se grabó en Colombia.

No tiene nada de malo grabar en Colombia o en Australia. Lo que sí está mal es que se grabe allá en escenarios de allá y con actores que manejan el acento de allá y que finjan que están aquí, en espacios de aquí y con el acento de aquí.

No sé usted pero yo, que no me perdí ni una escena, miraba aquello y entre que me hartaba, entre que me enojaba y entre que me quería morir de la vergüenza.

¿Por qué? Porque muchos de los mejores directores, actores y escritores de este país están en lo nuevo de Ingobernable, pero están haciendo el ridículo en escenas como de videohome de rancho de los años 80.

Esas escenas de acción, no son de acción, son de humor involuntario.

Esas escenas de lesbianismo, no son de lesbianismo, son de aviéntame la carne.

Y esas escenas de supuesta intensidad política, no son de intensidad política, son de una falsedad, de un acartonamiento tal que obliga a los actores a entonarse en farsa, a perder el respeto de las audiencias.

Me queda claro que la culpa de esto no es ni de Carlos Carrera, ni de Kate del Castillo ni de ninguno de los inmensos talentos que participaron en este proyecto.

¿Pero de quién es? ¿Quién es el responsable de esta desgracia?

Esto no es normal, tira por la borda algo muy valiente que se había levantado ahí mismo el año pasado y, lo peor de todo, mina el futuro de las relaciones de muchas instancias con Netflix en los próximos meses, en lo próximo años.

Decepcionado. Me siento profundamente decepcionado de la temporada dos de la serie mexicana Ingobernable que se acaba de estrenar en Netflix. ¿Usted no?

CRÓNICAS COREANAS

Ahora que en nuestro país se habla tanto de los aeropuertos, yo quisiera comenzar a escribirle de Corea por la terminal aérea que me recibió: Incheon.

Incheon ha sido calificado, durante 12 años consecutivos, como el mejor aeropuerto del mundo por la calidad de sus servicios.

Es una construcción enorme, en forma de avión, donde uno puede encontrar desde tours express para los pasajeros en tránsito hasta actividades culturales, deportivas y comerciales.

Incheon se llama así por la ciudad en la que se ubica, a más de una hora de Seúl, y tiene una supercarretera que lo conecta con la capital coreana.

Lo más práctico es llegar a él en unos autobuses especiales que se toman en diferentes puntos de Seúl.

Ya hay vuelos directos que van de México a Incheon. El viaje dura entre 13 y 15 horas dependiendo si se sale de Monterrey o de Ciudad de México.

¡Y qué cree! Además de esta inmensa construcción, Seúl tiene su propia terminal aérea (Gimpo), mucho más pequeña, desde donde parten vuelos a destinos muy específicos tanto nacionales como internacionales.

A la capital coreana no le basta con un gran aeropuerto para conectarse con el mundo. Necesita dos. 

alvaro.cueva@milenio.com

OPINIONES MÁS VISTAS