El estreno de "La Madrastra"

El pozo de los deseos reprimidos

Álvaro Cueva

Álvaro Cueva
Ciudad de México /

Todo está cambiando en la televisión, a un ritmo tan violento, que lo que más cuesta en este negocio de la crítica es la actualización.

Ya no podemos criticar como se criticaba en 2012. Mucho menos como se hacía en 2000 o 1994.

Muchas de las cosas que antes nos parecían malas, hoy son grandes aportaciones y no por una apreciación personal. Es porque en verdad la industria ha evolucionado tal y como lo demuestra el estreno, anoche, de “La madrastra”.

Para un periodista de mi generación sería muy fácil desgarrarse las vestiduras haciendo pedazos este lanzamiento por amor a Victoria Ruffo, a Ofelia Medina, a Angélica Aragón y a cualquiera de las inmensas figuras que participaron en las versiones anteriores.

No, y un hablemos de lo que dirían los comunicadores de más de 60 años o de los que están por cumplir los 40.

Para ellos sería muy fácil atacar este estreno porque no es nuevo, porque no existe nada más “espantoso” que los “refritos” o porque “no le llega ni a los talones” a la telenovela original.

¿Pero cuál es la original? ¿Quién en este país vio la original, la chilena de 1981? ¿Ésa era la original? ¿De veras, de veras, de veras? ¿A usted le consta?

¿Y sí estaba hecha mejor que la que está produciendo Carmen Armendáriz con los presupuestos, la narrativa, la tecnología y los requerimientos de la actualidad?

Le guste a quien le guste o le moleste a quien le moleste, ayer vi el capítulo uno de la nueva versión de “La madrastra” y no sólo lo adoré, estoy convencido de que alguien, en 15, 25 o 35 años, hablará de él y lo defenderá con tanto amor como hoy defendemos las adaptaciones que se hicieron en 2005, 1996 y 1985.

Trataré de ser breve: antes había muchos tipos de telenovelas, pero lo que siempre se buscaba, además del “rating”, era conmover a las audiencias, sorprenderlas y en el caso muy específico de esta clase de melodramas, invitarlas a participar.

¿Cómo? Respondiendo a la pregunta: ¿Quién es el asesino?

Hoy esto ya cambió y a lo que se buscaba antes se le han sumado otros tipos de conceptos que buscan cosas mucho más atractivas como el empoderamiento.

¿Qué tiene que ver “La madrastra” con el empoderamiento de las audiencias?

A que somos muchos los que dominamos esta historia, los que la hemos visto cualquier cantidad de veces y no sólo eso, los que podemos seguir viendo las versiones viejas gracias a las plataformas y las redes sociales.

Ver “La madrastra” con Aracely Arámbula, Andrés Palacios y todas esas estrellas no nos va a conmover, jamás nos va a sorprender y difícilmente nos va a hacer participar con lo del asesino.

Pero eso sí, nos va a poner a competir con nuestras familias, nuestros amigos y a través de las redes sociales para ver quién ha visto más, quién sabe más y quién quiere más a cierta estrella.

Eso es mejor que la certeza, nos empodera y en algunos casos, hasta nos hace sentir superiores, justo lo más estamos necesitando hoy.

¿Ahora me entiende cuando le digo que lo que más cuesta en este negocio de la crítica es la actualización?

Si no me cree, pregúntele a Disney, a Warner y a los más importantes estudios del mundo que están haciendo exactamente lo mismo.

Cuando el mundo se hunde y todos brillamos por nuestra vulnerabilidad no hay nada más rico que empoderarse un poco aunque sea utilizando como pretexto el cine y la televisión.

Luche con todas sus fuerzas por ver “La madrastra (2022)” de lunes a viernes a las 21:30 en Las Estrellas, pero luche más por compararla, por atacarla, por defenderla, por empoderarse. Le va a gustar. De veras que sí.

alvaro.cueva@milenio.com

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