El pozo de los deseos reprimidos

Más problemas en Televisa

Álvaro Cueva


Sí se dio cuenta de lo que sucedió ayer en Las Estrellas, ¿verdad? Desapareció una telenovela.

El domingo pasado se transmitió el final de Y mañana será otro día… mejor y este lunes, en su lugar, no entró nada. ¡Nada! Una repetición de lo primero que los directivos de esa frecuencia encontraron en el archivo.

Veníamos de la muerte del tradicional noticiario de mediodía de XEW-TV.

Ahora no solo hay un amplio sector de la sociedad condenado a embrutecerse a esa hora con Cuéntamelo… Ya!

Después de ahí siguen dos repeticiones. ¡Dos repeticiones antes de Como dice el dicho!

Por primera vez en décadas se rompió la continuidad telenovelera del que alguna vez fue el canal de melodramas seriados más importante del mundo.

En 1998, El Canal de las Estrellas producía y transmitía cinco exitosísimas telenovelas en capítulos de una hora en frecuencia de lunes a viernes (Gotita de amor, La mentira, Soñadoras, Camila y El privilegio de amar).

Hoy, 20 años después, Las Estrellas solo tiene tres telenovelas de las cuales una es un formato colombiano (La jefa del campeón).

Otra, el derivado de una historia comprada en Corea (Mi marido tiene más familia). Y la última, una producción externa diseñada para el mercado latino de Estados Unidos (La piloto).

Todo esto sin considerar la ausencia de telenovelas de producción propia en Tv Azteca e Imagen Televisión.

¿A usted no se le hace delicado? A mí, sí, y no es porque pretenda que los mexicanos nos sigamos entreteniendo como hace dos décadas.

Es delicado porque no hay nada que esté sustituyendo lo que alguna vez fue el gran fenómeno telenovelero mexicano y porque esto pone en riesgo una parte fundamental de nuestra cultura popular además de que perjudica la imagen de nuestro país en otras partes del mundo.

¿Nos vamos a quedar callados mirando cómo se extinguen las telenovelas en la industria de la televisión nacional mientras se multiplican en lugares como Corea, Turquía e India?

Ojo: esto no es un tema de preferencias personales, es una industria que está muriendo, miles de familias mexicanas que se van a quedar en la calle, cientos de posibilidades creativas que se van a perder para siempre.

¿Adónde se van a ir todas esas audiencias? ¿En dónde se van a refugiar las nuevas generaciones? ¿Hasta dónde van a tener que emigrar los talentos mexicanos para poder brillar como antes?

Es triste, muy triste. ¿A poco no?

Mira quién baila


¿Qué quiere que le diga del estreno de Mira quién baila el domingo pasado en Las Estrellas?

¿Qué? ¿Que estuvo muy bonito? ¿Que estuvo mejor que La academia?

¡Claro que no! La nueva edición de Mira quién baila es un reality show de talento más del montón.

Hay más corazón en los programas nocturnos de Multimedios Televisión de Monterrey que en esto que tendría que ser la gala más glamorosa del canal privado más poderoso de México.

Mira quién baila se ve barato, hecho más para la comunidad latina de Estados Unidos que para México y está tan mal producido que nadie le ha dicho al director de cámaras que cuando se trata de programas de baile sí es importante que se le vean los pies a los bailarines mientras están haciendo sus gracias.

Perdón, dije bailarines. Debí haber dicho personajes de talk show que se ponen a llorar justo cuando el conductor les dice: noté que se te salían las lágrimas de los ojos. ¿Así o más fingido?

Mire, seré muy directo. Amo la televisión y entiendo perfectamente bien las truculencias de cada formato.

Pero, ¿no habría manera de despistarle tantito y hacer esta clase de propuestas bien desde un principio tal y como sucede con los grandes programas internacionales de talento tipo Dancing with the stars y The X Factor?

Que el que vaya a cantar, cante. Que el que vaya a bailar, baile. Que las cosas se vean bien, que se oigan bien.

Se está volviendo un tanto repetitivo que nuestros reality shows de talento comiencen horrible, que se vayan corrigiendo sobre la marcha y que al final nos dejen en las mismas. ¿O usted qué opina?

Una disculpa

Quiero ofrecerle una disculpa a todos los fanáticos de Orange is the New Black porque ayer publiqué que la sexta temporada era el final definitivo de esta serie de Netflix.

Al parecer, esto va a seguir.

La culpa es mía. Me dejé llevar por la emoción de ver todos esos capítulos de un trancazo y como son tan contundentes, le juro que pensé que ahí se había acabado todo.

De hecho, no entiendo cómo le van a hacer los escritores de esta joya para alargarla. Estructuralmente ya cerró.

El caso es que me siento muy mal por esta equivocación. Jamás quise perjudicar a nadie ni desinformar a las audiencias.

Usted, de cualquier manera, luche por ver esta joya. Orange is the New Black es de lo mejor y cuando llegue al final del último capítulo se acordará de mí. Se lo garantizo. 

alvaro.cueva@milenio.com

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