Ojo por ojo

El México en bancarrota de López Obrador

Álvaro Cueva

Andrés Manuel López Obrador dijo que el país estaba en bancarrota y media humanidad se le fue a la yugular.

Que cómo era posible que se atreviera a decir eso, que sus comentarios iban a desalentar la inversión extranjera, que iban a provocar una crisis sin precedentes.

“¡Oh, sí! Este señor no sabe de lo que habla. Es un ignorante. Es un traidor. ¡Ya ven! ¡Para qué andan votando por él!”

¡Ah, cómo les encanta el cuento! A estas alturas del siglo XXI el presidente electo, o cualquier presidente electo o en funciones de cualquier país, puede decir lo que quiera y no pasa nada.

A los hombres y mujeres de hoy nos queda claro que cualquier persona puede opinar lo que se le antoje de cualquier tema, incluso si se trata de una figura del universo político, artístico o religioso.

Igual, después de tantos años de evolución, todos hemos aprendido que digamos lo que digamos, vamos a tener a una multitud frenética a favor y en contra.

Que si porque no leyeron el texto completo, que si porque no les pareció el uso de determinada palabra, que si porque si alguien se sintió ofendido.

¡Y está bien! Nadie vale más que nadie. Todos tienen la razón. Así son los procesos de comunicación hoy y desde ahorita se lo digo: se van a poner peor.

¡Allá usted si no se prepara! Allá los medios que insisten en cubrir como cubrían en 1994.

El Peje opinó que el país estaba en bancarrota. Habrá quienes estén de acuerdo. Habrá quienes, no. ¡Y no pasa nada! La vida sigue.

¿A poco los inversionista extranjeros son tan estúpidos como para haberse ido de México por eso?

¿A poco tienen la piel tan delicada que ya empezaron a hacer sus maletas? ¿A poco ya se fueron?

Si no se han ido con los secuestros, los asaltos, los balazos y las amenazas, ¿por qué se tendrían que ir por el uso de la palabra bancarrota?

¡Por el amor de Dios! ¡Qué ganas de faltarle al respeto a la inteligencia del pueblo de México! ¡Qué ganas de hacer un escándalo de lo primero que sale en la televisión!

A lo mejor México no está en bancarrota como la miscelánea de la esquina que está a punto de cerrar porque le pusieron una tienda de conveniencia al lado, pero la situación sí está fea.

Muchísimas personas se la están pasando mal y en el remoto caso de que tengan trabajo no les alcanza para lo más mínimo.

La desesperación económica de millones de mexicanos abandonados a su suerte es brutal.

Andrés Manuel López Obrador, con sus declaraciones, está atendiendo a esas personas que son su audiencia. ¿Cuál es el problema?

Podemos discutir lo de la bancarrota todo el día, si usted quiere, pero a mí lo que me interesa es que aprendamos a comunicarnos de acuerdo con las reglas de la actualidad.

El presente no es para pieles sensibles. Si usted ama los protocolos, las formas y le da un peso exagerado a cada palabra, a cada gesto, regrésese al sexenio de José López Portillo y encuentre la felicidad. Hoy esto es libre, espontáneo, dramático, chistoso, cada quien interpreta como quiere y todos estamos tan conscientes de eso que hasta nos damos el lujo de reaccionar como queramos, cuando queramos y donde queramos.

Nada es tan serio y nada es tan profundo. Nada es tan bueno y nada es tan malo. Aprendamos. Será lo mejor. ¿O usted qué opina?

¡atrévase a opinar!

alvarocueva@milenio.com





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