Ojo por ojo

Querida Edith González:

Álvaro Cueva

No puedo creer que ya no estés entre nosotros. Todo iba tan bien. Estábamos tan contentos celebrando que tu cáncer estaba en remisión. No entiendo qué fue lo que pasó, pero me queda claro que te encargaste de que nadie se preocupara, de que siempre te viéramos alegre, traviesa.

Te tomaste muy en serio tu papel de figura pública. Querías mandarle un mensaje de esperanza a miles de mujeres que, como tú, habían conocido esa enfermedad. No me quiero ni imaginar todo lo que callaste, todo lo aguantaste. Es admirable.

Mientras que cualquier otra persona en tu posición hubiera aprovechado esto para hacer el peor de los escándalos, tú reías, bailabas, bromeabas. Lo hacías en público. Lo hacías en privado. Jamás vi a una sobreviviente más enamorada de la vida que tú.

Ahora entiendo muchas cosas que me hacen quererte y admirarte más de lo que ya te quería y te admiraba. Se necesita mucho valor para hacer lo que tú hacías, para amar a tu familia como tú la amabas, para atender a tus fanáticos como tú los atendías.

Muchas personas todavía no entienden lo que está pasando aquí y no los juzgo. Ni ellos ni yo estamos acostumbrados a que las estrellas de tu edad mueran. Ni ellos ni yo estamos acostumbrados a perder a alguien que había superado el cáncer. ¡Imagínate el golpe!

Y es que tú, mi adorada Edith, fuiste una figura fundamental de nuestra cultura pop, una de las actrices más queridas por el pueblo, pero también por los intelectuales, por los políticos, por los empresarios.

Fuiste una mexicana global cuando este concepto ni siquiera existía, una pieza clave de la época de oro de la telenovela, una luminaria adorada lo mismo por las señoras y por los señores que por los mercados infantiles y juveniles.

Eres muy importante en la historia del poder suave, de este concepto que muy poca gente de este lado del mundo se atreve a reconocer y que hoy está convirtiendo en potencias culturales a países que jamás imaginamos que nos fueran a conquistar.

Tú protagonizaste Bianca Vidal, el primer producto de entretenimiento colectivo que se compró en China. Gracias a ti, esa nación, que jamás había importado un melodrama, adquirió Los ricos también lloran.

Las nuevas generaciones no entienden que hubo una época en que nuestro talento no se iba a Hollywood, en que lo más maravilloso que se podía hacer eran las telenovelas. Y tú aprovechaste eso como nadie. Hiciste una carrera como niña. Otra como mujer. Y una todavía más hermosa como mamá.

Imposible decidir qué fue más importante, si Monte Calvario, Corazón Salvaje, Salomé, Doña Bárbara o Vivir a destiempo.

¿Y qué me dices de todo lo que hiciste en teatro, cine, series o como conductora de televisión? Yo jamás terminaré de agradecer tu generosidad, tu cariño, tu confianza, pero, sobre todo, lo que le diste a tu público: tu alegría, tu talento, tu belleza.

Te vas y poco a poco esta industria, que alguna vez fue enorme, se acaba. Tengo el corazón destrozado, Edith. Jamás pensé que esto fuera a suceder, que fuera a suceder ahora. Tenías tantos planes. Tenías tantos sueños.

Descansa en paz, querida mía. Siempre estarás entre nosotros. Te aplaudo de pie con lágrimas en los ojos. ¡Gracias! ¡Gracias por todo! Álvaro.

@AlvaroCueva

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