Bala de Terciopelo

Benditas redes

Ana María Olabuenaga

Benditas redes. Benditas sean cuando hablan bien de uno y cuando no hablan mal. Benditos sus retuits y benditos también sus likes, benditos los que son anónimos y benditos los que no. Benditas siempre, siempre y cuando todos estén a favor.

(Todos: Te rogamos que estén a favor). Por los siglos de los siglos que estallaron en este siglo, benditas sean y, si están en contra de uno, malditas redes y maldito uno por siempre jamás.

Las redes sociales se han convertido en un termómetro del clima social, un espacio dinámico para instalar temas en la agenda nacional y una corte justiciera. Imposible pensar en hacer política sin redes sociales. Por eso las redes, las benditas redes, son el círculo azul.

La teoría de los círculos como espacio de creación, recepción y difusión de opinión pública es de Rubén Aguilar, el que fuera vocero del presidente Vicente Fox. Teoría que el propio mandatario popularizó.

La idea es simple. Existen dos círculos de opinión. El círculo rojo, que agrupa a los intelectuales, expertos y líderes de opinión y el círculo verde, en el que se encuentra el resto de la población. En el rojo hay más información y argumentos. En el verde predominan los juicios de valor y las emociones.

Pongamos un ejemplo. El hecho de que se aprobara una nueva reforma educativa es un tema que “bajó” (así se dice, como si estuviéramos en un sistema de castas de opinión) hasta el círculo verde de manera simple. La gente se enteró del fatal destino de la “mal llamada” y de la llegada de la “mal cambiada”. Verbalizado a nivel de esquina como: “Algo pasó con la reforma educativa y ahora el Presidente hizo una nueva”, punto. Ahora bien, qué dicen las leyes secundarias, qué pelea la oposición, qué quiere la CNTE o de a cómo va la negociación son temas que se quedan “arriba” y se discuten en el círculo rojo.

Punto fundamental de la teoría, en el círculo verde, por obvias razones, está la mayor parte de los votantes. Los políticos cuidan que los temas delicados o que no les sumarán votos no lleguen hasta ellos. Y que los temas que, aunque sean técnicos, tengan potencial para traducirse en juicios de valor, como la construcción de la refinería o el aeropuerto, “bajen” al verde y, más tarde o más temprano, se traduzcan en votos.

La que sostengo es que, entre el rojo y el verde, hay un círculo azul. Teñido de este color por ser el de las plataformas sociales más importantes, Facebook y Twitter. El círculo azul establece agenda, define sus temas por moral (lo que según la red está bien y lo que está mal), es semiilustrado, está indignado, malabarea con la reputación de quien sea y traduce sus conclusiones a material de fácil consumo para el ciudadano de a pie. Es, por decirlo en una frase, el eslabón moral que une a los otros círculos.

De ahí que no sorprenda que la semana pasada la Reina Isabel de Inglaterra ofreciera 30 mil libras a un community manager para manejar sus relaciones con los plebeyos. El círculo que ciñe la corona a la cabeza de quien sea también tiene followers.

Todo lo cual demuestra que al círculo azul sí se le considera y hasta se le teme y eso, en estos tiempos de soberbia, es una bendición. Benditas redes.

@olabuenaga

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