Causa Legal

Un fracaso más

Arturo Argente

Durante mucho tiempo la maestra Elba Esther Gordillo logró afianzarse en el poder. Desde Salinas hasta Calderón, Elba Esther reflejaba la imagen de un sultán o dictador africano con excesos ofensivos perdiendo todo sentido de la prudencia y de la mesura. Mientras que sus agremiados ganaban un promedio de diez mil pesos al mes, la maestra cargaba una bolsa que valía treinta veces eso. Su extrema simpleza expresaba la soberbia de cómo movía los recursos de sus agremiados como si fueran de ella. Con esa actitud iba a negociar con los presidentes de la República, secretarios y diversos actores políticos. 


Pero esa borrachera llegó a su fin y su detención se llevó en los inicios de la presente administración. Dos delitos graves se le imputaron: lavado de dinero y evasión fiscal. El miércoles, un Tribunal federal dejó sin efectos el proceso ya que las pruebas presentadas en el juicio no acreditaron su responsabilidad en los delitos. Después de cinco años con cinco meses y once días, finalmente la ex dirigente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) quedó libre. 


Lo grave de este caso, es la incapacidad del gobierno federal para fortalecer el estado de derecho de nuestro país. Es extremadamente grave que la Procuraduría General de la República (PGR) no pueda articular adecuadamente ni siquiera un caso de tan alto perfil como los procesos contra Elba Esther Gordillo. El gobierno acusó a la maestra de varios delitos y no pudo comprobarlos. Es decir, que ni para casos importantes tienen gente capacitada. No puede haber cabida a tanta negligencia legal, ya que desde un inicio fue una exageración acusarla de delincuencia organizada para eliminarla del escenario político.

 Si las pruebas contra Elba Esther Gordillo no eran sólidas, el gobierno la mantuvo en prisión por motivos políticos. Si lo eran y fue liberada, la PGR falló. Nada de eso borra el abuso de poder de la maestra y el lucro personal que ha hecho con fondos sindicales. 

 
Al final seguimos sufriendo de una procuración de justicia que goza de un nivel de discrecionalidad que satisface los intereses políticos del poder Ejecutivo. Hoy se comprueba una vez más la absoluta inoperancia del sistema de justicia. Si Elba Esther Gordillo era culpable, qué mal que hoy quede libre. Si no lo era, qué mal todo el tiempo que estuvo presa. En ambos supuestos esto da asco

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