Nada personal, solo negocios

NAIM: siempre fue Carlos Slim

Bárbara Anderson

Quienes conocen a Carlos Slim saben que una de sus metas desde hace años era dejar como legado una megaobra para el país, más precisamente un aeropuerto.

Llegó a hacer estudios propios de factibilidad en la zona donde está (¿estará?) el NAIM hace 25 años, mucho antes de que Gerardo Ruiz Esparza o el propio presidente Peña Nieto hicieran cualquier anuncio.

Slim ha puesto fichas estratégicas (y millones de dólares) para la futura terminal aérea: desde parientes hasta dinero de su propia familia —vía Afore Inbursa—, sin dejar pasar con sus empresas y aliados cuanta concesión de obra se lanzara.

La primera jugada fue en el diseño per se de todo el proyecto. En noviembre de 2013 el gobierno lanzó la convocatoria para el proyecto y construcción del NAIM. La consigna era que fueran equipos duales, con un despacho de arquitectura mexicano y otro internacional que tuviera experiencia probada en este tipo de obras.

Lord Norman Foster se reunió con un gran amigo y colega mexicano en Nueva York, ni más ni menos que Enrique Norten. Juntos firmaron un acuerdo para presentar sus firmas en la futura terminal. Hicieron cálculos, dividieron tareas y revisaron cada punto del pliego de la invitación. Todos los costos, asesorías, maquetas y trabajos previos corrían por cuenta de los despachos. Se calcula que cada uno invirtió hasta 4 mdd. Pero además había muchas garantías financieras que debían presentar estas duplas, que en muchos casos tuvieron que ser revisadas a la baja por la SCT, ya que superaban lo que se pedía en este tipo de casos en otros países.

A las pocas semanas de trabajo, este equipo se deshizo: Foster (que había diseñado los aeropuertos de Pekín y Hong Kong) consiguió un nuevo socio que le evitaba poner su propio dinero y garantías inmobiliarias en esta licitación y que no tenía ninguna limitación financiera: el arquitecto Fernando Romero, el yerno de Carlos Slim.

Los que estuvieron cerca de este proceso, en 2014, vieron como Norten tuvo que salir a buscar nuevo equipo y se presentó finalmente con el despacho SOM, de Chicago.

Al final fueron ocho los despachos que se presentaron y, como una jugarreta del destino, dos propuestas quedaron tablas: la de Romero y la de Norten. “Estaban tan parejos que fue el Presidente quien al final dirimió y equilibró la balanza”, me confesó hace unos meses un ex funcionario de Los Pinos abocado directamente al NAIM. Quienes estuvieron en ese momento recuerdan que si bien todas las maquetas eran impactantes, la de Foster + Romero exudaba lujo e impactaba hasta por la impronta tecnológica que tenía.

Con el diseño ‘en casa’, luego Carlos Slim y sus empresas asociadas ganaría la construcción del edificio terminal (4 mil 200 mdd), la Pista 3 (361 mdd) y hasta la planta de tratamiento de aguas residuales (115 mdp).

barbara.anderson@milenio.com
Twitter: @ba_anderson

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