Del origen a lo real

Del plato a la boca

Benjamín Ramírez

Benjamín Ramírez
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Noe saca de una bolsa de plástico un empaque metalizado, este tiene una etiqueta color café y líneas verdes en la que se alcanza a leer de Altura. De dicha bolsa se resbala una pequeña hoja con la descripción y el precio de aquel producto, en el cual se lee Café orgánico… 1 kilo=450 pesos. El precio parece elevado, pero dicen que la condición lo vale.

Llegamos al final del menú de tres tiempos, que comenzase en la antepenúltima entrega. Hace algún tiempo se comentó en este espacio de los mercados alternativos y hasta se trabajaron los casos de Comunidad Shankha y Casa Espora. Quienes garantizaban precios justos sin intermediarios. Pero en esta ocasión la palabra orgánico se presenta como un tema de análisis y reflexión alimentaria, donde en México se le da una connotación de productos finos o caros.

Como ejemplo tenemos el caso del café. A partir de la política de concesión de los recursos, en la época porfirista, los cafetales se extendieron en la región del Soconusco. Una vez finalizada a Revolución Mexicana se diversificó el cultivo del café. Con el paso del tiempo diversos grupos migrantes llevaron esta práctica a sus comunidades, parte de estos grupos migrantes provenían de los Altos de Chiapas, quienes, desde los años setenta,convirtieron esta región en una zona cafetalera orgánica importante. Sin embargo, es difícil que el promedio de la población llegue a pagar más de 450 pesos por un kilo de café orgánico, cuando las alternativas de café soluble o de máquinas, son mucho más económicas.

No así entre las clases económicamente “acomodadas”, quienes, cada vez más, visitan ferias de productos orgánicos o de emprendedores, como un gesto de empatía o por el simple hecho de estar de moda. El problema de raíz no es el costo o la veracidad en los procesos de producción de este tipo de productos, sino el mensaje que se envía al momento de la adquisición y consumo, razón por la cual ahora es común encontrar en los supermercados alimentos con la leyenda orgánico.

En el caso mexicano, el poder de una etiqueta, llámese light, premium, gourmet, orgánico, etcétera, es tan grande de pueden influir en el tipo de cliente, consumo y precio; ahí recae su importancia, ya que lo que concierne, en algunas espacios o grupos, no son las características ecológicas, de libre mercado, nutrimentales o identitarias, sino lo que cuesta y, por lo tanto, el demostrar la capacidad de consumo. Es por eso por lo que los mercados alternativos pueden tener éxito entre algunos grupos minoritarios, pero el control y significado de distintivos, como lo es el orgánico,lo han capturado las empresas trasnacionales, que lo convirtieron en una variante más entre su abanico de productos, donde lo único que diferencia un producto bajo en grasa, bajo en sodio u orgánico es su precio.

Benjamín Ramírez

otaconmx@yahoo.com.mx


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