Del plato a la boca

Paletas heladas

Benjamín Ramírez

Tatiana busca, entre cajas de comida congelada, una bolsa verde que colocó en el congelador la semana anterior; de pequeña pasó malos ratos cuando asistía constantemente al dentista para que le sacaran algún diente “de leche”, una condición congénita le ocasionaba grandes molestias y sangrado de encías; cuando regresaba a casa, después de aquel martirio, sus padres aminoraban el suceso con una paleta helada, el remedio infalible para aquel mal. De regreso al presente, Tatiana ya no padece dolor intenso de dientes o encías, un correcto tratamiento y una visita periódica al dentista la alejan de todo mal; sin embargo, su gusto por las paletas de hielo la invaden en épocas de calor. Entre una pizza y una bolsa de verduras congeladas descubre su objetivo, tres paletas: una de guanábana, otra de guayaba rosa y la de zapote negro.

A la vista de todo lector, unas paletas de estas frutas no representarían más que la oferta en cualquier expendio; sin embargo, su historia forma parte de las tantas fusiones e implementaciones que trajo a México el contacto con Europa y Asia. Desde la China Imperial ya se hacía traer de las montañas nevadas hielo para mezclarlo con miel y algunas frutas; en tiempos del Califato se preparaba hielo picado con jugo, y los llamaban Sharbets, palabra que pronunciamos actualmente como sorbetes. Su camino continuó en Italia, quienes la combinaron con leche, especias, pasta de semillas, almíbares de frutas y azúcar, y que conocemos como gelatos. 

Pero, el intercambio comercial con América, durante los tiempos del Virreinato de la Nueva España, colocó sobre la mesa del heladero frutas multicolor y exóticas como la guayaba, la guanábana, el mamey, el zapote, entre otros. Aunque de manera lenta algunas de ellas se acomodaron en el gusto europeo, otras simplemente se aplicaron a los modos de preparación occidental, resultando en ates, mermeladas, almíbares, etcétera.

A finales del siglo XIX y principios del XX se tendría una migración italiana a México, consolidando comunidades importantes en Michoacán, de las que se desprendieron las haciendas de Lombardía y Nueva Italia. Estos asentamientos trajeron consigo el gusto por los ya mencionados gelatos y, posiblemente, el desarrollo y adecuación de estas recetas con los ingredientes de la región. De este suceso podemos destacar al municipio de Tocumbo, quien es conocido por dos razones; primera, basar parte de su economía en la elaboración de helados, nieves y paletas, teniendo su Feria de la Paleta, a finales de diciembre; y segunda, por proveer a Tatiana y al resto del país de heladerías “La Michoacana” y “El Paricutín”, quienes en sus congeladores llevan un solución a un antojo, o a un intenso calor, pero también una pieza más en la historia de la alimentación mexicana.

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