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Brasil ante la encrucijada fascista

Bernardo Barranco

Brasil vive hoy un momento dramático. Es un país dividido. El resultado electoral del pasado domingo favorece ampliamente con un 46% al excapitán del ejército Jair Bolsonaro, nostálgico de la dictadura militar y de sus métodos represivos. La inevitable segunda vuelta se enfrentará a Fernando Haddad, del PT que obtuvo el 29% de un padrón electoral de más 147 millones de votantes. Jair Bolsonaro es apoyado por los estratos económicos más altos de Brasil, así como, de los diversas Iglesias neopentecostales encabezadas por la influyente Iglesia Universal del Reino de Dios, fundada en 1977 por Edir Macedo con seis mil templos en todo el país, y propietaria de la segunda cadena televisiva Record que respaldó descaradamente al ultraconservador Bolsonaro. Nada despreciables, también, los grupos antifeministas que han emergido contra la llamada “ideología de género”.

Lo que está en juego en este momento más que la presidencia es la propia supervivencia de un entorno democrático y un régimen de libertades.

Desde hace cuatro años, los sectores conservadores renuentes con la derrota electoral, utilizaron todos los recursos para provocar una parálisis del gobierno petista hasta que lo llevó a un juicio político contra la presidenta Dilma Rousseff y el encarcelamiento de Luiz Inácio da Silva Lula.

El futuro brasileño, está amenazado por una dictadura vía elecciones con tonalides fascistas. No sólo Bolsonaro, sino detrás de él hay varios militares en activo. Su popularidad subió a raíz de atentado que sufrió durante un acto de campaña. Bajo el pretexto de un estado de salud frágil, no participó en debates ni ha deliberado sus posiciones intolerantes. En contraparte, se ha aprovechado de un fuerte sentimiento antipetista, fruto del desgaste en el gobierno como también por incontables actos de corrupción exaltados por ciertos medios de comunicación y capitalizados por las fuerzas políticas.

La gravitación política y electoral del pentecostalismo político no es un fenómeno no es nuevo en Latinoamérica, repacemos las recientes elecciones en Chile, Costa Rica, Colombia, Guatemala, las desconcertante alianza de AMLO con el PES y la del domingo en Brasil revelan una polarización creciente del electorado y un giro político a la derecha con sello evangélico.

El congreso brasileño quedo aún más fragmentado. El reto para el PT, Haddad, más allá de la presidencia es formar un frente electoral amplio con las más diversas posturas que impidan el ascenso político de una derecha de corte nazi. Como en Francia en 2002 contra Le Pen quien llegó como segunda fuerza y en la siguiente vuelta fue aplastado. Para Morena el espejo brasileño trae muchas lecciones.

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