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El episcopado recupera discurso de Francisco

Bernardo Barranco

El Papa Francisco, 13 de febrero de 2016, en Catedral metropolitana pronuncia uno de los mensajes más fuertes a episcopado alguno. “¡No se dejen corromper, exclamó Francisco: sean obispos no príncipes!” les exigió no subirse a los carros de los faraones.

Los obispos mexicanos ahí reunidos, no podían dar crédito a las duras palabras del Papa. Fue un mensaje largo, de casi 50 minutos, en el que incluso el pontífice tuvo que pedir agua a sus asistentes porque se le secaba la boca. “Ay de ustedes si se duermen en sus laureles”, les dijo y enfatizó la pastoralidad de la Iglesia. Claro que hubo incomodidad entre los prelados. Especialmente en el cardenal Norberto Rivera.

Frente a las evidentes divisiones internas, el Papa fue contundente: “Si tienen que pelearse, peleen ¡pero como hombres! Como hombres de Dios” Los estaba regañando. “Les ruego no caer en la paralización de dar viejas respuestas a las nuevas demandas… Mirar con delicadeza y respeto, sobre el alma profunda de su gente; desciendan con atención y descifren su misterioso rostro. Sean, por tanto, obispos de mirada limpia, de alma transparente, de rostro luminoso. No tengan miedo a la transparencia. La Iglesia no necesita de la oscuridad para trabajar”.

Hubo una respuesta inmediata: Desde la Fe, órgano oficial de Rivera, manifestó su desacuerdo con el Papa, a quien le reprocha estar insuficientemente informado y mal aconsejado. Todo aquel torbellino parecía haberse quedado en el olvido. Hubo tibia retórica episcopal de aceptación pero prevalecía el incienso del olvido. Seguir así en su zona de confort.

Sin embargo, el mensaje del presidente de la CEM Rogelio Cabrera en la última asamblea plenaria de los obispos sorprendió porque retoma el tono y la intención de Francisco. Dijo con fuerza lo siguiente: “Nosotros los obispos de México debemos reconocer también que, como Iglesia, atravesamos una etapa de crisis y de gran dificultad. No sólo por los escándalos que tanto han afectado nuestra credibilidad y autoridad moral, sino por el cambio de época que estamos viviendo y al que no estamos respondiendo de manera adecuada”

Más delante enfatizó: "En este escenario tan cambiante, hay que situar el terrible flagelo de la pederastia, que no hemos sabido enfrentar en el pasado, pero que ahora estamos atendiendo con toda prontitud, privilegiando la atención a las víctimas”.

Parece que los tiempos cambian aun en la Iglesia. Reconocer el estado de crisis es un paso importante. Veremos

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