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Fundamentalismos y terrorismo religioso

Bernardo Barranco

En diferentes partes del mundo se ha desatado una ola de terrorismo religioso con saldos sangrientos inquietantes. Vivimos un nuevo auge global de la violencia religiosa. En Marzo Nueva Zelanda murieron asesinadas en mezquitas más de 60 practicantes musulmanes en un ataque terrorista. El pasado domingo de resurrección en Sri Lanka hubo atentados a Iglesias cristiana y hoteles. Las cifras de víctimas rebasa los 350 y más de 500 heridos tras las explosiones. El pasado sábado un joven abrió fuego en una sinagoga de San Diego, California, dejando un muerto y tres heridos. La policía detuvo al agresor de tan solo 19 años que disparó con un fusil.

Antisemitismo, antiislamismo y anticristiansmo son odios exacerbados y motivos aparentes de guerras santas. El fanatismo y fundamentalismo religioso están cercanos a la actitud intransigente e intolerante de los diversos frentes e intereses mundiales que usan la radicalización de lo religioso como plataforma de agresión sagrada.

El fundamentalismo viene del renacimiento de cristianos en los Estados Unidos en los años ochenta del siglo pasado. Buscaban regresar a los orígenes y a la literalidad en el seguimiento de las escrituras. La característica más importante de este renacimiento religioso conservador es precisamente su actitud antimoderna. Muchas comunidades fueron muy violentas. Queda en la memoria los trágicos sucesos de Waco en 1993.

El Islamismo es otro tipo de fundamentalismo que reivindica la yihad o guerra santa contra los valores occidentales. El planeta se cimbró el 11 de septiembre de 2001 los ataques aéreos suicidas contra las torres del Word Trade Center, en Nueva York, mostraron al mundo la fuerza del fanatismo musulmán. Más de siete mil personas muertas de ochenta nacionalidades diferentes, las escenas, por cierto no muy lejanas a las de Sri Lanka, nos mostraban visiones dantescas de ferocidad ciega de la venganza supuestamente de mandato divino.

El fundamentalismo es el guardián de una antigua herencia que se ha desacralizado, es el rescate y la defensa de los valores tradicionalistas. Su presencia tiene muchos matices en las religiones históricas del libro. Por su parte, el terrorismo religioso busca infundir pánico al estilo implacable y brutal del antiguo testamento, justificándose en el supuesto mandato de Dios.

Sin embargo, dicho radicalismo religioso encubre intereses geopolíticos y geoeconómicos. La lucha entre civilizaciones se enmascara para obtener dividendos. Así como lo religioso puede antagonizar un proceso, también puede ser vehículo de entendimiento, tolerancia y acuerdo de paz. Por lo pronto los demonios apocalípticos se soltaron.

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