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Las patologías de Maciel son las de la Iglesia

Bernardo Barranco

El cardenal brasileño João Braz de Aviz, prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada, reconoció que el Vaticano sabía de los abusos de Marcial Maciel desde hace 63 años. Adelantó que habrá más escándalos en la Iglesia. Estamos, dijo, solo en el inicio de graves errores porque la Iglesia lleva 70 años encubriendo pederastas… Quienes los taparon era una mafia, ellos no eran Iglesia”. Pues esa mafia llega a los más altos niveles de la Iglesia, incluyendo a la curia romana e incluso al Papa Juan Pablo II.


No cabe duda que Marcial Maciel cargaba con profundas patologías. Su maldad no conoció límites y edificó un imperio religioso con base en falsedades y doble moral. Engañó a todo el mundo hasta a sí mismo. Le decían “Mon Pere” quien sobornaba con miles de dólares a los grandes cardenales de Roma. Además de ser pedófilo, mantuvo varias familias con las que procreó hijos de los cuales también abusó. Maciel era un adicto a las drogas especialmente a la morfina. Construyó en su congregación una especie de castillo de impurezas, simulaciones y complicidades. Hizo mal uso de los recursos pues no reportaba algunos donativos que recibía de gente con buena voluntad. Logró el apoyo incondicional de empresarios hasta el extremo de boicotear canales de televisión como el lamentable caso de CNI Canal 40 en 1997 . Tuvo grandes mecenas de la oligarquía mexicana como Carlos Slim, Manuel Arango, Emilio Azcárraga, Olegario Vázquez Raña, Ricardo Salinas Pliego y Alfonso Romo, actual miembro del gabinete de AMLO.


La patología de Marcial Maciel es de la propia orden religiosa. Maciel intoxicó aún más una Iglesia contaminada. Ésta no solo lo solapó sino cobijó su comportamiento desenfrenado. Los Legionarios hasta su muerte le rindieron culto, exaltando una imagen falsa de un ser que nunca existió y encubrió al monstruo abominable, culto a la personalidad como infamia, cometido por su círculo cercano. 


La estructura directiva de Los Legionarios no solo escondió, engañó, disimuló sino que fue cómplice, al no denunciar, de las atrocidades. Sus patologías no solo son las de la Iglesia sino de la propia sociedad mexicana. Especialmente de sus élites. Maciel contó con la protección de autoridades gubernamentales de diferentes sexenios. Los medios de comunicación, destacados conductores, especialmente de los televisivos y algunos impresos callaron y minimizaron los señalamientos hacia el personaje.

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