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Una geometría política distinta

Bernardo Barranco

La cultura política de México y del Edomex sigue agitada.  A veces parece intoxicarse. Un presidente en funciones desdibujado fuera de la agenda y un gobernador agazapado. Un presidente electo que después del día electoral, tomó el pulso del poder y marca mediáticamente el espacio público. Se siguen perfilando cambios profundos y apresurados en política mexicana, hasta hace poco inimaginables. 

 El sistema de partidos se reconfigurando y basta ver su composición en las cámaras para observar el poder hegemónico de Morena, capaz de dictar normas sin tener que negociar. La oposición ha quedado no solo disminuida en términos cuantitativos sino que los otrora partidos “grandes” se encuentran enfrascados en despiadadas luchas internas, atorados en buscar culpables, sin tener un diagnóstico claro del maremoto obradorista que los arrasó. Ahora los tres partidos “históricos”  del México moderno, PRI, PAN y PRD tan sólo detentan el 30% de la Cámara de Diputados y 34% del Senado. 


El principal damnificado fue el gobierno peñista que nunca tuvo una real sensibilidad popular y ahora sufre las consecuencias de la peor derrota de la historia del PRI. Ni Peña ni el tricolor estuvieron del lado la ciudadanía porque vivieron desconectados del pueblo. La alta burocracia, la clase política voraz,  vivieron en los últimos lustros en una burbuja de privilegios y lujos. 


La gran pregunta es si AMLO podrá revertir el alejamiento social y moral entre la política y la gente de la calle. Denise Dresser recogió este dilema con una certera frase: “No temo que México se vuelva Venezuela. Temo que México siga siendo el mismo México”, que todo cambie para que todo siga igual.  Un sector importante que no votó por AMLO asegura que se restaurará el viejo priismo autoritario y centralista. Sin embargo, esa fue la intención de Peña y del grupo Atlacomulco, porque esa es su experiencia política, pero no pudo. 


México no es el Edomex, afortunadamente. Falta ver como gobernará AMLO y cómo se comportará Morena que no es un partido en términos formales sino un movimiento social que ha cobijado las posturas más diversas y contradictorias. Para muchos fue un licuado electoral pero ya en el poder, habrá que ver el comportamiento de sus actores. Se tendrá que esperar para ver si las alianzas electorales se convierten en coalición parlamentaria estable. 


El triunfo de Morena ha rediseñado el mapa político de la nación. Entramos en una franja inexplorada. Grandes reacomodos políticos se esperan en el Edomex y así como la gravitación ciudadana. Novedades como la expresión crítica de universitarios de la conservadora UAEM

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