La letra desobediente

Un día en Los Pinos

Braulio Peralta

Fue un 17 de mayo de 2016. Al día siguiente fue la noticia principal en todos los medios de comunicación, prensa, radio y televisión. El presidente Enrique Peña Nieto asombró a la política mexicana al convocar en Los Pinos a lesbianas, gays, bisexuales, transexuales, transgénero e intersexuales, eso que llamamos LGBTTTI. Dijo: “Se trata de sensibilizar a una sociedad reacia a ver las diferencias de todos los conjuntos humanos”.

Era el Día Internacional de la Lucha contra la Homofobia. Enrique Peña Nieto firmó dos iniciativas: la modificación del artículo cuarto constitucional para establecer el matrimonio igualitario, y la modificación del Código Civil Federal para que el matrimonio igualitario se realice sin discriminación. “No puede haber en nuestro país quienes en algunos Estados tengan ciertos derechos, y en otros no”. Esa reforma del Código contempla una nueva acta de nacimiento para reconocer un cambio sexogénico.

Un acto donde Enrique Peña Nieto tomó banderas que originalmente han sido de la izquierda, nunca del Partido Revolucionario Institucional o el Partido Acción Nacional. Un acto al que fueron 50 líderes de grupos gays que han luchado por sus derechos humanos al menos desde 1978, cuando se dio la primera marcha de homosexuales y lesbianas en Ciudad de México. Un acto que provocó la polémica pública y puso en primer plano el tema LGBTTTI. De ahí varios estados de la República —no todos— hicieron caso a iniciativas del presidente.

Lo que hizo Enrique Peña Nieto fue acatar la resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que en 2015 reconoce como derecho humano que las personas contraigan matrimonio sin ningún tipo de discriminación, de género o preferencia sexual. Resolución que se han pasado por el arco del triunfo los estados que aún no implementan esos derechos. ¿En algún momento Andrés Manuel López Obrador buscará la forma de igualar estos derechos en todos los estados de la República? ¿Es una pregunta impertinente?

Peña Nieto termina su periodo de seis años. Lleva en sus espaldas la casa blanca, los 43, las reformas estructurales y una economía en crecimiento. Nadie le agradece nada, más bien lo vituperan. Yo le agradezco hacer caso al Poder Judicial de la Federación, la Suprema Corte de Justicia en materia de derechos humanos para el colectivo LGBTTTI. ¿Andrés Manuel López Obrador acatará ese poder judicial, dará marcha atrás a los derechos conquistados, o dejará las cosas como están?


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