Columna de Bruno Ferrari

La cancillería ante un gran desafío

Bruno Ferrari

Existe mucha incertidumbre y preocupación por lo que ocurrirá con la atracción de inversión extranjera a nuestro país durante el presente sexenio, a raíz de que el gobierno decidió que dicha labor se haga a través de la cancillería.

Desde luego que es una tarea que la cancillería puede asumir a través de las embajadas y consulados. Pero para ello hay que dotarla de la información y las herramientas de promoción necesarias, pues debe reconocerse que la inversión extranjera alrededor del mundo es un aspecto en el que compiten gran parte de los países del orbe, ofreciendo condiciones atractivas para atraer dinero y, por ende, empleos a sus naciones.

No se trata de inventar el hilo negro, pero sí de hacer notar que para que una inversión llegue a México se requiere de un trabajo de investigación, planeación, coordinación y ejecución basados en una estrategia que resulte en algo medible, perdurable y sujeto a una evaluación continua.

Cada embajada deberá informarse sobre cuánto destina a la inversión extranjera el país en que se encuentra, cuáles son las empresas que la realizan y si han invertido ya en México y, en su caso, las razones para ello. Una vez que se cuenta con la información es también importante que se cuente con portafolios de las principales oportunidades de inversión que ofrece nuestro país. Este último trabajo debe realizarse estrechamente vinculado con las autoridades encargadas del desarrollo económico de los estados para conocer la oferta de oportunidades, el crecimiento estimado y las expectativas de desarrollo para el futuro, así como las características de sus vías de comunicación, su oferta de mano de obra calificada, la existencia de parques industriales, etc.

Por fortuna, México es un país atractivo con oportunidades para los inversionistas extranjeros. Prueba de ello es la existencia de clusters, como el aeroespacial en Querétaro (donde ya incluso hay una Universidad Aeroespacial) y en los estados de la región norte; el automotriz, en prácticamente todo el país y el manufacturero de dispositivos médicos en Baja California, Chihuahua y San Luis Potosí. Es decir, que está comprobado que conjuntando esfuerzos en los diferentes niveles de gobierno y la mano de obra cada día más calificada, el resultado no puede ser más que satisfactorio para las empresas extranjeras que invierten en nuestro país.

No debemos olvidar que además de la inversión extranjera, la Cancillería deberá impulsar proyectos para las exportaciones de productos mexicanos, que es otra manera de que el país reciba recursos del exterior y genere empleos. Por ejemplo, así como Nueva Zelanda puso el kiwi en todos los supermercados del mundo, México podría hacer lo mismo con frutas tropicales de nuestro país como la guanábana o la papaya, de la que hay una creciente demanda en el planeta. Otro proyecto a futuro podría ser impulsar los bienes y servicios en materia de robótica y mecatrónica, en la que nuestros jóvenes están destacando a nivel mundial en la actualidad.

Desaparecer Proméxico sin fortalecer a la Cancillería en los temas de comercio exterior puede provocar una caída en la tan necesaria inversión extranjera, provocándose con ello que lejos de haber existido un ahorro, el país tenga pérdidas en esta materia. 


* Ex secretario de Economía y creador de ProMéxico



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