El asalto a la razón

‘Halconazo’ en la UNAM

Carlos Marín

A los delincuentes que reventaron la marcha en Ciudad Universitaria les faltó llevar y disparar armas largas para graduarse de halcones, como los que el jueves de Corpus de 1971 reprimieron la primera manifestación que se intentó después del tlatelolcazo del 68.

Atacaron a sabiendas de que la vigilancia en la UNAM es tan endeble que han podido aterrorizar al alumnado por años y años dentro de los recintos académicos.

Los palos que utilizaron (junto con cuchillos, picahielos, molotovs y cohetones) son varas de kendo, como las empleadas hace 47 años por los halcones en San Cosme y calles aledañas.

Ayer por fin los cecehacheros pudieron entregar el pliego de peticiones (espacios para murales, reducción de 80 a 50 alumnos por aula, asignación de profesores), en el que figura también se les brinde seguridad, porque son sus agresores quienes los extorsionan en las inmediaciones de las escuelas y controlan buena parte del narcomenudeo.

La Rectoría identificó rápido a 18 y lo hará con más que se les conoce ahora por sus apodos.

Y para afuera y a la cárcel irán también los que identifique la chota

cmarin@milenio.com

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