El asalto a la razón

Insensatos y estériles desafíos

Carlos Marín

En febrero, Ciro Gómez Leyva me preguntó (Radio Fórmula) sobre el sondeo (Gabinete de Comunicación Estratégica) en que más de 70 por ciento de encuestados aplaudió que el Presidente no hubiera ordenado el desalojo de las vías tomadas casi un mes por la CNTE en Michoacán. Le respondí que los apoyadores eran ignorantes porque, en realidad, respaldaban que Andrés Manuel López Obrador incumpliera la palabra de cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes derivadas.

Añadí: el gobierno no es la charrita del cuadrante ni conduce un programa popular de complacencias.

Lo recuerdo por las constantes referencias al “pueblo bueno y sabio” de AMLO y su advertencia a los periodistas pasados de la raya de que se atengan a las consecuencias porque “la gente no es tonta” y sabe ponerlos en su lugar: serán linchados en las “benditas redes”, como le ocurrió al reportero Jorge Ramos luego de que, con datos del propio gobierno, lo había confrontado sobre el mayor número de asesinatos de la historia en los meses recientes.

A los facciosos de la CNTE López Obrador los imagina parte del noble pueblo mexicano, al grado de firmar la más extrema de sus desmesuras: “Con base en las facultades que me confiere el cargo que detento”, ordenó a los secretarios de Gobernación, Educación y Hacienda suspender la aplicación de… ¡la Constitución!, buscando cómo dejar sin efecto las escasas medidas en que se haya traducido la reforma educativa peñanietista y se reinstale a los profes cesados, se libere a los maistros y luchadores sociales, “y estoy planteando que se reconozca todo el daño que causaron las anteriores autoridades; que haya indemnización de familiares de quienes perdieron la vida luchando por sus derechos de la mal llamada reforma educativa…”.

En defensa de tan inaudito desatino, arguyó: “La justicia está por encima de todo. Si hay que optar entre la ley y la justicia, no lo piensen mucho, decidan en favor de la justicia”.

Gulp.

Más allá de lo obsceno que se antoja que la reforma que quiere se ajuste a los criminales intereses de lo peor del magisterio y de su juramento el 1 de diciembre, AMLO está obligado a saber que no es admisible que “lo justo” sea lo que él suponga; que impartir justicia no figura entre sus atribuciones, sino en las del Poder Judicial, y que éste debe ajustarse a lo dispuesto por el Poder Legislativo.

De sentido común, el rechazo a este arrebato se volcó en los ámbitos de la academia, el derecho y la CNDH, ante lo cual AMLO reaccionó peor: “Callaron como momias cuando saqueaban y pisoteaban los derechos humanos y ahora gritan como pregoneros que es inconstitucional hacer justicia y desterrar la corrupción. No cabe duda de que la única doctrina de los conservadores es la hipocresía. Son como sepulcros blanqueados...”, dijo.

En días de guardar, ojalá reconsidere y no vuelva a tocar los temas del periodismo y la justicia.

cmarin@milenio.com

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