El asalto a la razón

Pobres ladrones, están enfermitos

Carlos Marín

Disruptivo como es, el presidente Andrés Manuel López Obrador sugiere que hay un padecimiento no detectado por la ciencia ni contemplado por la Organización Mundial de la Salud, y recomienda: “Tratamiento a quienes tienen la enfermedad de la corrupción y lo reconocen. Debe crearse un grupo de terapias y aceptar que tienen ese problema. Una especie de Grupo 3 R…”.

Poco dado a los chistoretes, pero como algunas de sus decisiones menos afortunadas parecían de broma, sus palabras merecen la mayor atención, así sea por las canijas dudas.

Intentar superar cualquier afección, como bien apunta, requiere que el paciente admita estar enfermo y tenga la voluntad de someterse a un tratamiento médico específico. Esta premisa es clave para combatir, por ejemplo, las adicciones, que son hábitos eventualmente peligrosos o incitan al consumo de productos nocivos, particularmente drogas, de los que parece imposible prescindir o resulta muy difícil hacerlo porque se agudiza la dependencia psicológica o fisiológica. Sucede con el tabaco, el alcohol, el sexo, el juego...

Para la OMS, el adicto a sustancias “psicoactivas” es un “enfermo emocional”. Las instituciones especializadas tratan inclusive trastornos alimenticios y hasta tecnodependencias patológicas pero ninguna existe para aliviar el vicio por el cochino dinero.

Lo de que los corruptos se sometan a terapias mueve a risa, pero en su planteamiento AMLO incorpora la posibilidad de crear “una especie de Grupo 3 R” que, en ignorantes como yo, animan a reportear con la receta de la inexplicable nueva integrante de la Comisión Reguladora de Energía, Guadalupe Escalante, quien tomó en Google un curso repentino de lo que es la institución de la que no tenía ni la menor idea.

El Presidente, deduzco, aludió a las tres erres o 3R que popularizó Greenpeace y que se refiere al consumo responsable para cuidar el ambiente mediante hábitos de reducción, reciclaje y reutilización de la basura.

López Obrador supone que los corruptos pueden ser igualmente reciclados, ya que después de su terapia pueden reintegrarse al pueblo sano:

“Nunca imaginé hasta dónde había llegado esta enfermedad de la corrupción. Y hago un llamado para que se vea así, como una enfermedad, y hacer terapias para reincorporar a mucha gente que tiene como propósito fundamental enriquecerse a costa de lo que sea. Hay que crear una organización para recuperar a muchos y que vean que lo material no da la felicidad. Solo siendo buenos podemos ser felices”, razonó.

Generoso traductor, el ex magistrado de la Audiencia Nacional de España, Baltazar Garzón, comentó que con López Obrador “hemos hablado del fondo y hace falta un cambio de paradigma: combatir la corrupción no solo desde el punto de vista judicial, sino desde el punto de vista de la educación…”.

Ah… pero, ¿y la terapia, apá?

¡Que alguien lo explique!: ¿4T con o sin 3R…?

cmarin@milenio.com

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