El asalto a la razón

Renuncia dura, seca y al encéfalo

Carlos Marín

Los argumentos de Germán Martínez para dejar la Dirección General del Instituto Mexicano del Seguro Social descalifican la política social del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Si, como razona, se debate así el más preciado y emblemático de los organismos de salud pública de México, ¿cómo estarán las cosas en el Issste, en los servicios médicos estatales y demás conexos y similares? ¿Qué tanto están deteriorándose los que se han tenido como “las joyas de la corona”: los institutos nacionales de Cardiología, Cancerología, Nutrición, Enfermedades Respiratorias, Neurología, Pediatría, Perinatología, Psiquiatría, Salud Pública, Rehabilitación, Medicina Genómica, Geriatría o el Hospital Infantil de México?

Planteadas en términos ideológicos, las razones del renunciante atribuyen a los “neoliberales” de la Secretaría de Hacienda una injerencia perniciosa (“ahorro y más ahorro, recortes de personal y más recortes de personal, y un rediseño institucional donde importa más el cargo que el encargo”, denunció). Decodificadas con elemental sentido común, lo que delatan sus señalamientos es una burda y pichicatera intromisión en la administración del IMSS mediante la imposición de la plaga que padecen los gobernadores estatales: la de superdelegados.

“Controlar en exceso” los recursos, escribió Martínez, “que son de trabajadores y empresarios, sin racionalidad y sin apego a las normas del IMSS (...), cuya gestión es tripartita; gubernamental sí, pero también obrero y patronal; por eso administra su patrimonio con reglas especiales, empezando por la Ley del Seguro Social”, puede acabar con la dinámica intrínseca de solidaridad social que ha caracterizado al instituto.

Y pintó su raya: “Creo y defiendo al Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, porque no es gerente de los que se creen dueños del país. No es florero de nadie, como él mismo lo dice. Yo seguiré su ejemplo: tampoco yo seré florero en el IMSS de decisiones tomadas fuera del IMSS”, o sea, en Hacienda.

Deja un diagnóstico de desahucio:

“Mientras se discute la remodelación del IMSS, muchos trabajadores siguen sin certeza laboral, otros sin contrato, algunas vacantes aumentan, el rezago en infraestructura es brutal (en 2019 prácticamente está en 0 por ciento el avance de obras y el pago a proveedores), los contratos y convenios de servicios se rezagan, y algunos están por vencerse sin horizontes de legalidad y eficiencia, las compras de equipamiento paradas, las reclamaciones y litigios aumentan; y si bien el abasto de medicamentos está garantizado, es precario y en algunos lugares pende de un hilo (...). Pasillos de espera llenos de personas adoloridas y mal trato o retraso en la atención a pacientes”. Y ¡sopas!: “Ahorrar y controlar en exceso el gasto en salud es inhumano. Ese control llega a escatimar los recursos para los mexicanos más pobres...”.

Gulp, gulp gulp.

cmarin@milenio.com

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