El asalto a la razón

Tache a Tomás ‘Torturer’ Zerón

Carlos Marín

De no aparecer menos fresa con multiasesinos como el apodado El Cepillo, Tomás Zerón de Lucio carece de atributos elementales para ser considerado “torturador”.

Abrigado, se le ve dando pasos cortos con las manos en los bolsillos o haciendo señas para dar instrucciones. O cruzado de brazos y guardando siempre sana distancia de quien cualquiera de “la vieja escuela” habría molido a golpes o martirizado con descargas eléctricas y simulacros de ahogamiento.

Lo suyo lo suyo de Zerón no han sido las relaciones públicas.

Para decepción de quienes babean de gusto con “la prueba” de que el ex director de la Agencia de Investigación Criminal arrancaba confesiones mediante el tormento, con El Cepillo Zerón aplicó la receta de la abuela: alternar como “duro” y “blando” ante quien, gracias al examen de la telefonía, tuvo un papel decisivo en la trágica noche de Iguala como lugarteniente de Gildardo López Astudillo y éste de Sidronio Casarrubias. Los tres de Guerreros Unidos. El detenido estuvo entre los sicarios que recibieron en El coyote a los normalistas levantados por policías municipales para ser ultimados y (como lo corroboró la oficina especial de la CNDH) llevados muchos o todos al basurero de Cocula, donde fueron acribillados y sus cuerpos quemados hasta su carbonización, despedazados y dispersados en el río San Juan.

El Cepillo, pues, no era un infractor de tránsito cuando aparece con Zerón.

Vergüenza debiera darles a los padres de Los 43, a sus representantes, a la 4T y a los organismos nacionales e internacionales que utilizan el dolor ajeno con propósitos facciosos, porque lo menos que han procurado es que se aclaren dudas y se imponga la justicia. Virtuales defensores de los responsables del crimen atroz parecen curanderos charlatanes que prefieren mantener la espina en el paciente, ya que si la extraen se les acaba el negocio.

Lo más grave de lo dicho por Zerón fue (y ojo, inmediatamente después de que alguien le dijo al detenido: “Mira, te vamos a quitar las esposas”):

“A la primera mamada te mato, güey…”.

Sin duda una amenaza, pero incumplida, aunque para soñadores de policías gráciles fuera “tortura psicológica”.

Otras frases intimidatorias: “La primera mamada que me digas y cambiamos el tono”; “No te la pongas difícil” y “¿Quieres que te aplique la suave?”.

Pero lo del “te mato” la neutraliza esta: “La primera mamada que me digas, se acabó el tema y empezamos…”.

Contra lo que dicen los hipócritas e ingratos persecutores de Zerón, algunas de sus expresiones ahogan las que les asustan: “Regálenle agua”, “Vas por la suave”, “Dime qué quieres. ¿Quieres una camisa o algo?”; “¿Algo más que quieras declarar?”, “¿Por qué tienes lastimada la rodilla?”; “Nadie te va a hacer más nada”; “Te viste tranquilo. Tú tranquilo. Respetamos…”.

De vómito que deudos, parásitos y gobierno persigan a quienes descubrieron los elementos medulares del crimen y capturaron a los responsables.

Malagradecidos, deshonran a los victimados y prefieren que los asesinos gocen de impunidad.

cmarin@milenio.com

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